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Tommy al bat. Tomás Morales

Itzel Ubiarco

2, octubre 2014 - 8:46

02 octubre 2014. Tomás Morales

POR muchas décadas uno de los principales dichos que se ha usado en el Beisbol es aquel de que “nadie corre más que la pelota”, dedicado a los que buscan con la velocidad vencer esa teoría, pero finalmente ha llegado un equipo que puede correr más que la bola. Son los Reales que en la temporada fueron los reyes en robos con un total de 153 y en el juego del comodín usaron la velocidad para quitarse una desventaja de 7-3 a mitad del juego y venir de atrás al terminar ganando 9-8 en 12 entradas con lo que van a jugar con los Angelinos. En su retorno espectacular apoyado por un lleno de 40,000 gargantas el equipo azul se apoyó en siete robos de base.
La victoria de Kansas hizo olvidar a los aficionados lo mal que manejó sus piezas el manager Ned Yost cuando se fue abajo 7-3. Ya al final le tocó al manager de Oakland el provocar el peor año del gerente Billy Bean que se hizo famoso con la película “Money Ball” nominada al Oscar.
Él se la jugó a media campaña sacrificando a su jardinero cubano Céspedes para obtener al pitcher zurdo Jon Lester que iba ganando el juego del martes por buena ventaja, pero se desplomó en la octava y el manager lo quitó un poco tarde.
De todas maneras los Atléticos ganaban por una carrera en el noveno cuando los Reales empataron con otro galgo robándose la segunda y la tercera para luego anotar en elevado de sacrificio.
Oakland se subió 8-7 en la entrada 12 con un hit productor de Callaspo, pero Reales empató y ganó para romper la cadena larga de 29 años sin poder llegar a los play offs. ¿Se acuerda cuando el Tigres mexicano se pasó 26 años sin ganar un título?
Para este último ataque del súper emocionante juego los Reales comenzaron con un largo batazo de Hosmer que terminó siendo triple cuando chocaron los jardineros izquierdo y central después que ninguno pudo atrapar. Ya para entonces no estaba jugando jugando Coco Crisp que es el alma del equipo y especialista en hacer grandes atrapadas.
Al poco rato un ilustre desconocido de apellido famoso, Colón, dio un machucón por tercera que fue hit productor y no hay duda que el destino beisbolero ya quería premiar a estos pobres fanáticos con 29 años de frustraciones. Vino el robo de segunda, el séptimo del partido, y Salvador Pérez que se había pasado la noche fallando a la hora buena se puso en dos strikes antes de dar el batazo de la victoria, una raya pegada a la colchoneta de tercera. Ahora es el catcher angelino el que va a tener pesadillas con los que cambiaron aquello de que nadie corre más que la pelota.