Con la tecnología de Google Traductor

Pausa de los dos minutos. Gildardo Figueroa

María Vega

8, agosto 2014 - 9:17

08 agosto 2014. Gildardo Figueroa

VIENE temporada crucial para Dallas. Es extraño que el futbol americano de la NFL esté de regreso y casi no se hable del “Equipo de América”, los legendarios Vaqueros de Dallas.

Varios años consecutivos de pasar en el anonimato, derrotas dolorosas en diciembre y en playoffs, expectativas tiradas al piso de golpe y porrazo cada temporada, tienen a los fieles seguidores de este equipo en una decepción constante.

En este espacio siempre he criticado a equipos como los Delfines de Miami que no son campeones desde 1973 o los mismos Raiders de Oakland que su último título ocurrió en 1983, siendo dinastías protagonistas y que arrastran una base de aficionados impresionante, no sólo en su región geográfica sino en todo Estados Unidos y más allá de sus fronteras.

Pero los Vaqueros de Dallas, el equipo de Tom Landry, de Roger Staubach y de Tony Dorsett, que luego fue de Jimmy Johnson, de Troy Aikman y de Emmitt Smith, el conjunto que tiene más apariciones en Súper Bowl con ocho, esa franquicia que se jacta de casi ser local en todos sus partidos aunque juegue en Filadelfia, Washington o Nueva York, igualmente en Londres o en México, tiene ya 18 temporadas completas sin un campeonato, lo cual ocurrió en la edición XXX del Súper Bowl. Y no sólo eso, sino que fue justamente esa campaña 1995 la última ocasión que llegaron al Juego de Campeonato de la Conferencia Nacional. Desde entonces tienen siete apariciones en finales en 18 años y sólo dos triunfos en postemporada, y una tercera parte de todas esas temporadas han terminado con marca perdedora.

Claro, el dueño del equipo, el señor Jerry Jones, se construyó un estadio (el Egodomo) con un valor de más de mil millones de dólares, ya tuvo un Súper Bowl en su casa y le falló la organización. Es bien sabido que el problema más grande de los Vaqueros de Dallas es su dueño, quien también tiene labores de gerente general y mete su cuchara en todas partes.

Podemos considerarlo el “Al Davis” de la actualidad.

Un gran líder no es el que hace todo, aunque lo sepa hacer, es aquel que delega y tiene a las personas adecuadas y con talento para hacer diferentes funciones. Jerry Jones no lo es, y esto es algo que me dicen todos los “fans” del equipo de la “Estrella Solitaria” en repetidas ocasiones.

Para la temporada 2014, Dallas ya comenzó mal. Su linebacker estelar Sean Lee se lesionó y se tendrá que perder toda la campaña. Sin duda, el mejor jugador defensivo de este equipo, y si a esto le agregamos que perdieron en la agencia libre a DeMarcus Ware, el único jugador All-Pro (el mejor en su posición) de todo el equipo, y que hay otras lesiones y no tienen experiencia, todo indica que las ofensivas rivales tendrán tardes tranquilas cuando enfrenten a los Vaqueros.

En el ataque Tony Romo tiene talento para competir con cualquiera, con dos excepciones: que no sea diciembre o playoffs y que esté sano. Tuvo otra cirugía de espalda este receso de temporada y eso no es un buen augurio para un veterano de 34 años de edad, destacando que muy pocos “quarterbacks” han sido campeones después de rebasar la edad de los 30. En caso de lesionarse, llegó Brandon Weeden, quien tiene mucho talento, pero tampoco parece ser la solución.