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Somos Versus
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Somos Versus

22, enero 2026 - 6:00

Se acabaron los pretextos en 2026… hacia el deporte femenil

Todas las personas solemos iniciar el año con listas de propósitos: nuevos retos, metas profesionales, sueños personales, y cambios que queremos intentar. Pensamos en cuidarnos más, en ser más constantes, en animarnos a hacer todo aquello a lo que aspiramos. Quizás, en esa gran lista debamos incluir: dejar de ponerle excusas al deporte femenil.

Durante años, hemos escuchado repetidamente un argumento que no tenía fundamento, investigación ni evidencia: que “nadie ve” el deporte femenil, que “no genera”, o que “todavía no es negocio”. Esos pretextos se repitieron desde oficinas de directivas, mesas de análisis y discursos mediáticos. Omitiendo la voz de las atletas y periodistas pero resaltando el discurso misógino que reduce el espacio deportivo casi exclusivamente a la presencia de varones. Hoy, el crecimiento de las ligas profesionales femeniles, respaldado con datos e información, cuentan otra historia.

En 2025, la WNBA promedió 960 mil personas por transmisión, mientras que la NHL, la liga profesional de hockey sobre hielo en Estados Unidos y Canadá, y una de las ligas más consolidadas del deporte varonil, registró 440 mil. Es decir, el básquetbol profesional de mujeres tuvo más del doble de audiencia televisiva. Sin embargo, el salario base promedio en la WNBA es de 102,249 dólares, frente a los 3,817,293 dólares de la NHL. A pesar de duplicar la audiencia, las jugadoras ganan apenas el 2.7% de lo que reciben sus pares varones.

Esta diferencia no encuentra una explicación lógica de mercado ni en la relación entre audiencia y generación de valor. Al contrario, evidencia cómo la distribución de recursos dentro de la industria deportiva mantiene una tendencia a responder a criterios históricos y estructurales que no se han ajustado al crecimiento real del deporte femenil. La brecha salarial, en este caso, no refleja el interés del público, sino decisiones que mantienen esquemas de inversión desproporcionados.

En México el éxito del deporte femenil también es evidente. En 2025, el canal “Futfem Donde Sea” de la Liga MX Femenil acumuló 49.2 millones de visualizaciones. Tan solo la final entre Tigres y América alcanzó a 12.8 millones de personas a través de distintas plataformas. Si el argumento era la falta de visibilidad, hoy ese discurso simplemente no es sostenible.

Tampoco se sostiene cuando hablamos de asistencia. Fueron 40,193 personas las que llenaron el Estadio Universitario para la final del Apertura 2025. La final del Mundial de Rugby femenil en Inglaterra reunió a 81,885 asistentes, rompiendo récords históricos. La Eurocopa Femenina del verano pasado alcanzó una asistencia total de 657,291 personas y superó los 400 millones de vistas a nivel global. Estamos viendo gradas llenas, transmisiones masivas, y audiencias diversas.

El deporte femenil es visible y atractivo. Es una industria que ha demostrado ser rentable, con margen de crecimiento y con audiencias fieles. Aún se requiere mayor inversión para seguir mejorando las condiciones laborales, las instalaciones y la infraestructura, y dar mejores sueldos. Esto también significa capacitación de medios y de las personas que narran el deporte, para transformar el discurso y acompañar la narrativa que las propias atletas llevan años empujando.

Esta es una invitación a los medios de comunicación, a las personas aficionadas, a quienes quizá no se consideran cercanas al deporte, y a mujeres y niñas de todas las edades, a acercarse al deporte femenil como el fenómeno que es, sin compararlo de forma constante con el deporte varonil que históricamente se ha asumido como norma. A conocerlo, a consumirlo con atención y a celebrarlo desde su propia identidad.

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