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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

María Vega

22, noviembre 2014 - 10:47

22 noviembre 2014. Alberto Lati

LA hegemonía no es un factor común o inherente a nuestro deporte. Más bien, todo lo contrario: nuestro país ha destacado en eventos deportivos con mayor apego a talentos individuales que generales, a esfuerzos aislados que compartidos.
En ese sentido, es imprescindible referirse a algunos fenómenos tan sorprendentes como alentadores: que a los éxitos sostenidos en varios ciclos olímpicos en especialidades como clavados, taekwondo y tiro con arco, hemos de unir hoy a deportes como racquetbol y nado sincronizado.
El primero, marginado de los reflectores en gran medida por no tener la suerte de ser una disciplina olímpica. El segundo, con un camino largo y sinuoso a la sombra de las potencias que siempre reciben una mejor calificación.
Pese a todo, a escala regional está clarísimo el nivel del nado sincronizado: de siete competencias disputadas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz 2014, siete medallas de oro conquistaron nuestras sirenas: hegemonía por donde se le busque.
Y, más que el ejemplo anterior, tenemos que referirnos al racquetbol, por tratarse de un dominio que trasciende de lejos a lo meramente regional. México tiene hoy a la mejor racquetbolista no sólo de la actualidad, sino presumiblemente de la historia. Una de las deportistas que mayor superioridad ha mostrado en su actividad a lo largo de las décadas.
Paola Longoria ratificó en Veracruz 2014 que ganar para ella no sólo es lo normal, sino casi lo único. Ella misma me decía un par de días atrás que cuando perdió su primer partido en más de tres años temió que todo hubiese terminado: ¿Y si la varita mágica había desaparecido?, ¿y si ahora tenía que habituarse a caer? Pero no, porque lo suyo no consiste en varita mágica alguna, sino a una abrumadora capacidad para imponerse a sus rivales.
Fue un viernes especial para nuestro deporte. Porque en el mismo complejo Leyes de Reforma, vecino a los estadios “Pirata” Fuente y Beto Ávila, México mostró su jerarquía en nado sincronizado al consumar su marcha perfecta, al tiempo que acaparó todo en racquet: las dos finales individuales, entre exponentes mexicanos; las dos finales de dobles, ganadas por las duplas mexicanas.
Paola, con su inmensa capacidad, pero además con su carisma, puede inspirar muchos cambios. Los llenos en cada actuación suya en las gradas del centro jarocho de raqueta evidencian su magnitud: ¿Cuántos niños practicarán ese atípico deporte bajo su inspiración y magnetismo? Muchos. Pero algo mejor: ¿Cuántos mexicanos entenderán que ganar es destino? La respuesta radica en la saturación de banderas mexicanas en esos dos podios.
No por actuar en casa ni por tratarse de unos Juegos regionales: el racquet mexicano, con Longoria a la cabeza, es máxima élite; y el nado sincronizado, con portentos como Nuria Diosdado y formadoras como Adriana Loftus, se ha incrustado hace un buen rato en la élite.
Twitter/albertolati.