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Olimpiónicos. Héctor Reyes

Itzel Ubiarco

19, noviembre 2014 - 9:42

19 noviembre 2014. Héctor Reyes

EL tenis mexicano no ha encontrado la fórmula para producir jugadores dentro de los primeros 100 del mundo, el paso inicial para construir figuras emblemáticas de un deporte que se ha reconfigurado a sí mismo y tiene entre sus mejores aliados al circuito femenil y una nueva dinámica dentro de la conformación de los torneos y el propio juego incentivado por  nuevas tecnologías.
Dentro de la primera ronda del tercer Abierto Juvenil Mexicano, de los 16 calificados en casa sobreviven dos exponentes, la quinta sembrada Renata Zarazúa, una de las promesas femeninas del deporte blanco mexicano, sobrina de Vicente Zarazúa, medallista olímpico junto a Rafael Osuna, durante los Juegos Olímpicos de México 1968, así como Pedro Fernández del Valle, sobrino también del jugador de Copa Davis Agustín el “Bebé” Moreno, ambos doblistas consumados en las etapas que les tocó vivir.
El resultado de los mexicanos no ha sido favorable, ni tampoco en el pasado, cuando éste se realizó por tres décadas en el Club Casablanca. Habría que hacer un recuento histórico, un diagnóstico de la realidad de este deporte en nuestro país, uno de los más populares en el México del Siglo XX jugado en deportivos tradicionales, muchos de los cuales aún tienen el sello de exclusividad social y económica.
En el pasado, España y lo que era Checoslovaquia, generaron un formato público para impulsar el deporte blanco, un esquema de apoyo a través de Centros Tenísticos de Desarrollo con instructores de alto nivel. En el país ibérico tuvieron como antecedentes a Manolo Santana, Manolo Orantes, campeón del Abierto de los Estados Unidos en 1975 y la familia Sánchez Vicario, de origen Catalán.
La presencia de Iván Lendl, escritor del libro “Súper tenis”, uno de los jugadores más dominantes de la historia y Martina Navratilova en el sector femenil,  ambos de origen checo, revolucionaron el estilo “clásico” que dominaba hasta entonces. Entre las damas, la estadounidense Chris Evert  y en varones la apertura profesional, de las grandes bolsas, tuvo mucho que ver en su transformación.  El trabajo físico, técnica y un dominio del juego de saque y volea finalmente dibujó la actual cara del tenis mundial.
Otro ejemplo, el  más actual, lo tenemos con el número uno de la clasificación mundial juvenil, el ruso Andrey Rublev, con un dominio del espacio y el tiempo excepcional, propio de la escuela rusa que tiene a sus principales exponentes a las damas que se distinguen por su talento y belleza.
Producto de una escuela, selección y talento en un deporte que maneja las cuerdas emocionales al máximo, la diferencia entre ser y ser el más grande, la tenemos en este campo, del virtuosísimo de común denominador.
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