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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

ESTO

3, marzo 2015 - 10:04

03 marzo 2015. Daniel Reyes

HUMO
HACE muchas lunas vino al país de la patada el equipo Olimpia de Paraguay a disputar la copa interamericana contra las Águilas de Coapa; entre los jugadores sudamericanos venía mi amigo y contlapache Gabriel González, mejor y mayormente conocido como el “Loco”. Lo busqué en un hotel del sur de la capital. Luego de encontrarnos y abrazarnos, como corresponde a un rencuentro, charlamos largo y tendido de nuestras familias y actividades; en esas estábamos cuando llegó hasta nosotros un joven chaparrito, delgado, que saludó a Gabriel con gran familiaridad; el “Loco” me lo presentó de inmediato: “Es Monzón, lo acaba de fichar el Cruz Azul”. Ya decía yo que lo había visto en alguna parte; después, me pidió González que le ayudara si es que le hacía falta; por supuesto, me puse a sus ordenes e intercambiamos números telefónicos por si las moscas.
En la despedida, Monzón me comentó que vivía en un caserón en el Pedregal de San Ángel; además de que el club le había puesto un auto último modelo a su disposición, pero que él no sabía conducir.
Para otorgarle tales lujos, pensé que se trataría de una joya balompédica, que habría de deslumbrar el firmamento nacional. Me quedé con la duda.
Para desgracia de todos, equipo, jugador y hasta de un servidor, nunca supimos de qué se trataba, pues el chaval se lesionó en su primer juego y luego le costó mucho trabajo recuperarse y terminó por acumular unos 80 minutos en todo el torneo.
Haga usted de cuenta que es un caso parecido al que experimenta hoy la Máquina en la persona de Roque Santa Cruz; nada más que con otro cartel, otro precio y otra cotización global, que al cambio reciente no será ninguna baba de perico.      
Quiero y debo aclarar que yo no sé de medicina, es más, le confieso que no soy capaz de curar un pulque, sin embargo, vi la jugada en donde se lesionó la estrella guaraní y para nada pareció algo que pudiera durar más de tres días; es más, si se fija usted con cuidado en la acción donde se lastima, el tobillo izquierdo se le retuerce hacia adentro, que a primera vista ese parece ser el problema, sin embargo, la lesión se le da en el muslo derecho.
Dicen los que saben, reitero: yo no juré ante Hipócrates; esas rupturas fibrilares en promedio son máximo para dos semanas, seis fue un exceso.
Por el momento que atraviesa la Máquina celeste de la Cruz Azul, el recuperado Santa Cruz deberá, como una obligación divina, mostrar todo ese talento que lo catapultó a alturas insospechadas en el anciano continente y por lo menos transfundirle algo de sangre al equipo que ahora más que nunca necesita volver a creer en sí mismo, y quitarse esa especie de maldición que los ha convertido en zombies.
Tal vez los jugadores no se han dado cuenta, o no quieren hacerlo, pero alrededor de ellos existen miles de entusiastas fanáticos que creen en ellos, que quieren a la institución, que sufren sus desagracias y padecen los “ya merito”, y que no merecen jugadores y lesiones de humo.
Cierro con una obra titulada “Azul celeste”     
Como si algo nos faltara,
es que Roque santa Cruz,
hoy se nos manifestará,
de la máquina otra cruz.
 
Y si no, quéjense a la FIFA.
Twitter: @pollodetlalpan