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5, junio 2023 - 18:01

┃ Jesse Villalpando

León pudo celebrar ante su gente / Foto: Francisco Carmona y Ricardo Sánchez

León volvió a casa con exceso de equipaje, todo gracias a ese nuevo trofeo que a partir de ahora lucirá en sus vitrinas, el de la Concachampions.

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Lunes de fiesta en la capital cuerera, ahí donde dicen que la vida no vale nada. La misión por fin se cumplió y los esmeraldas consiguieron la copa en la que fue su cuarta incursión consecutiva por la máxima competición de clubes de la región. Este triunfo los tiene instalados en el siguiente Mundial de Clubes a desarrollarse en Arabia Saudita. La espera de tres años valió la pena para una base de jugadores que tenía pendiente ese regalo a su afición.

Y precisamente la fanaticada verdiblanca se encargó de darle una cálida bienvenida a los dirigidos por Nicolás Larcamón, quienes han vivido horas dulces. Primero fue en la terminal aérea del Bajío, donde un grupo de seguidores aguardó para ver a los nuevos mandones de la Concachampions. Minutos antes de las 3 de la tarde apareció el elenco guanajuatense. Pasó el “domador”, Cota, Barreiro, Tesillo, Mena y uno de los más asediados fue el argentino Lucas Di Yorio.

De inmediato, el equipo subió a un par de autobuses que fueron escoltados por elementos de la Policía Vial hasta la “guarida”, el Estadio Nou Camp. El inmueble acogió a poco más de 10 mil almas que se unieron en una sola voz para vitorear a sus héroes. Cuando retumbó el ¡Dale León! Fue la señal para que los “Larcaboys” saltaran a la cancha en la multitudinaria recepción.

La celebración comenzó con la presentación del plantel, el primero en salir fue Elías Hernández, le siguió Barreiro, “El Perro” Romero, Di Yorio, Campbell en el que fue su último baile con la playera de La Fiera. Después, Dávila, Mena, Cota y así uno por uno desfilaron hacia un arco instalado en la media cancha que lucía la frase “Campeones 2023”.

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Y el momento tan esperado llegó. El capitán William Tesillo salió del túnel con el objeto del deseo, la copa que levantó en todo lo alto. Mientras tanto, una lluvia de papel picado iluminaba el cielo leonés. Los protocolos se rompieron, se valió en esta ocasión y así los jugadores se acercaron hasta la malla perimetral para estar más cerca de su afición. No faltó el espontaneo que saltó al campo y evadió la seguridad. El trofeo fue de un lado a otro, todos quisieron posar con la nueva joya de la corona leonesa.

Así que entre canticos, ovaciones, palmas, vueltas olímpicas y hasta un llanto contenido de felicidad, transcurrió un festejo digno de campeón. León es el rey de la Concachampions.