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17, septiembre 2021 - 8:01

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America de los 80

JOSÉ ÁNGEL PARRA Y HÉCTOR ALFONSO MORALES

FOTO: DAVID LEAH | MEXSPORT

Hace 40 años el América mutó de Canario a Águila. El 19 de septiembre de 1981 Guillermo Cañedo cedió la estafeta a Emilio Díez Barroso y éste llegó al Nido de Coapa con el símbolo de la poderosa ave Azteca, la cual debutó un día después en Neza. Ahí, en medio de una bronca monumental, estrenaron el nuevo uniforme en “V”. El 1-1 fue lo de menos, porque ese día nacieron las poderosas Águilas, capaces de cosechar 10 de los 13 títulos que ostenta la institución a lo largo de casi 105 años de historia.

Testigo del histórico pasaje, Alfredo Tena rememora, emocionado, el instante, como si hubiera ocurrido ayer. El inmortal Capitán Furia obtuvo el último título como Canario, en la temporada 1975-76, frente a la UdeG, y cosechó los cinco trofeos ochenteros, cuatro de ellos ante los máximos rivales del americanismo: Chivas (1983-84), Pumas (1984-85 y 1987-88) y Cruz Azul (1988-89), además del Prode 85, ante Tampico Madero.

Fue en la cancha uno”, recuerda Alfredo, como si hubiera sucedido ayer. “Llegó Don Guillermo Cañedo, pasaron un rato en la oficina de Panchito Hernández y después entraron al campo. Don Guillermo tomó la palabra para presentar al nuevo presidente y me dieron la palabra a mí. Me tocó agradecerle a Cañedo y desearle la mejor de las suertes a don Emilio Díez Barroso. Éramos Águilas. Hice el traspaso de directivas en la cancha uno con Reinoso como técnico”, abunda el otrora infranqueable defensa central azulcrema.

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“Viví las dos directivas”, comparte Tena, quien a sus 64 años luce un físico envidiable, producto de su rutina diaria en el gimnasio. “Con Guillermo Cañedo, desde que ingresé al equipo en 1974, cuando firmé mi primer contrato profesional. Me tocó el campeonato de 1975-76. Jugué algunos partidos y me tocó la etapa hasta el 81, con la directiva integrada por Guillermo Cañedo, Ramón Martínez, Pedro Portilla y Panchito Hernández, una directiva sumamente profesional”, relata.

“Eran directivos de carrera: Ramón Martínez estuvo con don Guillermo en la Federación. Eran muy exigentes, pero te respaldaban siempre en los momentos buenos. Veían mucho por las Fuerzas Básicas. Para contratar a un extranjero hacían un estudio de años, rara vez fallaban”, valora.

“De un día para otro se escuchaba que querían cambiar el concepto del equipo. Querían cambiar el nombre, el mote, el uniforme y darle un nuevo giro. Sacaron el himno, que fue ya con las Águilas. Me tocó darle la bienvenida a don Emilio Díez Barroso”, reitera, testigo del nacimiento de la poderosa ave emplumada.

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Con el tiempo “se unió Hugo Enrique Kiesse y fue una directiva muy buena, a la que le tocó la mejor época, porque toda la camada de Fuerzas Básicas nos consolidamos, y en 1981 ya estaban Zelada, Batata y llegaron Outes y Bacas, eran los cuatro extranjeros que se permitían en esa época”, precisa el ex futbolista. “Después llegó Brailovsky por Batata. Todos estábamos listos para pelear cosas grandes. Eso le dio fuerza al proyecto, con mexicanos de buen nivel y extranjeros de primera. El equipo estaba fuerte y el estilo de Reinoso se adaptó muy bien a lo que la nueva directiva pretendía. Presionábamos en todos los sectores de la cancha”, saborea.

“Batata prendía a la tribuna; las atajadas de Zelada levantaban a la gente; Lalo Bacas daba unos conciertos en la media cancha; Outes era el goleador de la Liga. El equipo era atractivo y se conjugó todo con la nueva directiva, la nueva playera, el himno y eso fue un lance para conformar un equipo de época en los 80”, se deleita.

De antaño “éramos los cremas, los canarios, pero el águila es el animal nacional, el himno pegó y la playera gustó”, reconoce. “Si a eso le sumas los buenos resultados en la cancha, el público iba al estadio. El equipo transmitía mucha emoción. En ese entonces jugábamos los viernes en la noche, con asistencias muy fuertes. Se hizo una bola de nieve bastante buena. En el primer año (1981-82) no pudimos coronar con el campeonato, porque nos eliminó Tigres (en semifinales) en unos partidos muy cerrados; después (1982-83), Chivas nos dejó fuera en aquella semifinal que perdimos. Ya después ligamos tres títulos, cuando le ganamos a Chivas, Pumas y el Prode-85. Fuimos tricampeones. El México 86 lo perdimos en semifinales. Se conjugaron muchas cosas para que fuera un cambio exitoso”, celebra gustoso.

“Me tocaron los cinco títulos de los 80. El público estaba motivado, porque el equipo transmitía mucha emoción. La gente iba a ver las gambetas de Brailovsky, estuvo tres años y es un ídolo histórico. Batata jugó dos años. El juego del Negro Santos hacía que el público fuera al estadio, ganábamos o perdíamos, pero nos íban a ver. Salían contentos del estadio”, presume orondo.

El primer título como Águilas fue contra las Chivas en la temporada 1983-84. “Jugamos la final con los dientes apretados y con 10 hombres les ganamos, fuimos superiores y Zelada atajó un penalti”, relata. Un año después vencieron a los Pumas. “Ellos tenían un equipazo, la gente dice que (Joaquín) Urrea tuvo malas decisiones, pero la realidad es que debimos golear y ganamos justamente. Ligar un bicampeonato en torneos largos era muy difícil y lo disfrutamos el doble por ser acérrimos rivales”, considera. “Después a Tampico le ganamos en tiempo extra para concretar el tricampeonato”.

En 87-88 integraron otro equipazo. “Estaban Santos, Zague, Hermosillo, Farfán, Ortega y Domínguez, ya dirigía Jorge Vieira, que le dio un buen estilo. Ganamos la final de vuelta 4-1 a Pumas. El torneo lo conquistamos de punta a punta”, asegura.

Al año siguiente desafiaron a La Máquina en la gran final, con la que tenían cuentas pendientes. “Con Cruz Azul siempre tuvimos una espina clavada por la final de 1971-72 y el 4-1 en contra; entonces nos ofrecían más dinero, más premios y se hizo una gran rivalidad, hasta que ganamos en 88-89”, aplaude.

El cambio de Canarios a Águilas cayó como anillo al dedo, porque “se conjugó todo y se dio un boom de golpe”, redescubre Alfredo Tena, cuarenta años después. “El equipo estaba justito para sobresalir. Había base de mexicanos con mucho nivel, experiencia y bagaje. Eso, aunado a extraordinarios extranjeros, para que este cambio de Águilas funcionara”.

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DE COLECCIÓN

A la fecha su hijo conserva intactas las prendas ochenteras del Capitán Furia. “Las playeras las tengo porque se las daba a mi papá”, dice, al tiempo que posa para la lente de ESTO con una de ellas, en el pico en ‘V’. “Creo que con esta le ganamos a Pumas. Las tengo desde el día que debuté y son las originales, porque se las daba a mi papá y él se las dio a mi hijo. Tengo desde el día que debuté con una playera muy rústica”, precisa.

A la fecha, las prendas ochenteras son las más vendidas entre los fanáticos. “Esta playera se ha recargado y sigue funcionando. Pusieron a la venta playeras retro y se vendieron como pan caliente. Quise comprar una y ya no había. Sigue vigente ese cambio de uniforme que lleva 40 años”. Además, el himno águila todavía se entona en el Coloso de Santa Úrsula. “Si algún día lo quieren cambiar, correrán un riesgo. Sólo funcionará con un equipo fuerte, que gane campeonatos, porque si no puede que se quede en el limbo”, alerta.

A Alfredo le disgusta el intercambio de playeras al término de los partidos, “pero los tiempos cambian”, lamenta. “No nacieron con directivas anti Chivas. Yo no lo haría, nunca he tenido una playera de los archirrivales y mira que tuve amigos en Pumas, pero no me gusta. Lo que bien se aprende, nunca se olvida. El americanismo había que hacerlo valer. Había reglas no escritas que se tenían que respetar. No podías intercambiar playeras con Chivas porque te mandaban llamar. Don Guillermo, Panchito y Roca eran antichivas y te lo hacían sentir desde que te saludaban. Nos transmitieron ese sentimiento, y si perdías con Chivas no te querías encontrar a Cañedo, la verdad”.
En la calle la gente todavía lo reconoce como americanista, aunque dirija a cualquier otro equipo. “Eso te hace sentir bien”, dice, mientras acomoda la última velita al feliz cumpleaños de las Águilas.

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