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Mi perspectiva.José Luis Camarillo
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José Luis Camarillo

6, enero 2026 - 6:00

Sangre de campeón

Un caso muy poco común en el boxeo es el de padre e hijos monarcas del mundo. Es algo tan raro, que, no obstante que incontables soberanos del planeta han tenido hijos pugilistas, éstos no han podido emularlos.
El primer caso de papá-hijo campeones y que fue el único en México antes de emerger Julio César Chávez y su Júnior, es el de los Guty Espadas, que, por cierto, tenían estilos muy distintos arriba del ring. Guty papá era un temerario guerrero. Guty hijo (pluma) era más apegado a la técnica.
Esto viene al caso porque el welter británico Nigel Benn está en el proceso de conseguir una oportunidad por la corona del orbe del WBC, con lo que pretende igualar a su progenitor, del mismo nombre, quien imperó entre los supermedianos. Los Benn se distinguen por sus tórridas batallas.
El César del boxeo se coronó inicialmente en peso superpluma (luego añadiría los tronos de peso ligero y superligero a su historial). Por su lado, Julio hijo se proclamó soberano del planeta en peso medio y entró a la historia del pugilato en nuestra nación porque no habíamos tenido un monarca en las 160 libras.
Guty también tuvo un vástago de físico más grande. El iniciador de la dinastía lo hizo en peso mosca, por la WBA. Esto ocurrió en el mismo tiempo en que su paisano Miguel Canto, mejor conocido como el Maestro Yucateco, gobernó a los púgiles de las 112 libras por el Consejo Mundial de Boxeo.
El hecho de que Espadas y Canto fueran campeones al alimón en los años 70, provocó que se escribieran centenas de artículos en los distintos diarios de la República Mexicana e incluso en medios internacionales, que mencionaban una y otra vez ese soñado choque de jerarcas de los 50.802 kilogramos. Nunca se realizó.
En el mundo, en cuanto a papás-hijos gloriosos, sólo aparecen León y Cory Spinks (el primero dividió triunfos con el excelso Muhammad Alí) y los boricuas de nombre Wilfredo Vázquez. Hubo un caso extraordinario, de padre e hija monarcas, y el honor corresponde ni más ni menos que a Muhammad Alí y Laila Alí.

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