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Ida y vuelta. José Ángel Rueda
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José Ángel Rueda

7, enero 2026 - 6:00

Los veteranos

El otro día, mientras veía el final del partido entre los Steelers y los Ravens, descubrí que mi aparente neutralidad era falsa. Aunque al principio del partido estaba convencido de no irle a ninguno de los dos, de pronto me descubrí queriendo que ganara Pittsburgh. A diferencia de tantas otras cosas, que pasan sin saber por qué, tenía claro que el motivo no era el equipo en sí, sino una ligera esperanza de que la carrera de Aaron Rodgers no terminara así, sin poder hacer nada ante la sentencia que supone un gol de campo.

Horas después, o días después, cuando trataba de analizar lo que pasó, la idea fue mucho más profunda. El eventual retiro de Rodgers, ya sea ahora o después, no tiene que ver con la forma, sino con lo que supone ver a esa clase de quarterbacks veteranos. Siempre me he sentido atraído por esos fenómenos en los que la edad deja de ser un impedimento y la posición se descubre mucho más mental que física.

Pienso, por ejemplo, en Tom Brady, quien jugó hasta los 45 años. En realidad, el físico del quarterback aún podía resistir un poco más, pero la vida cotidiana reclamaba su protagonismo. Brady no era demasiado viejo para jugar, pero sí interpretar el papel de padre de familia que buscaba más tiempo con sus hijos.

Los últimos años de Brady reflejaban un jugador en pleno dominio de las circunstancias, la lectura precisa de las defensivas, el temple para venir de atrás por pura experiencia. La velocidad ralentizada con la que los quarterbacks describen lo que ocurre frente a ellos con el paso de los años.

Esta temporada en la NFL demostró una vez más que la edad no importa. Aaron Rodgers y Joe Flacco ofrecieron uno de los partidos más eléctricos del año. Ambos mariscales de campo superan los 40 años, pero lanzaron el balón como en sus mejores años. Ni siquiera estar cuatro años en el retiro frenó a Philip Rivers en su sueño de volver. El quarterback apenas podía moverse en la bolsa de protección, pero sus pases no desentonaban del resto. Jorge Valdano escribió alguna vez sobre Messi que el paso del tiempo obligaba al futbolista a exprimir cada gota de su genio. Pues eso.

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