Hablillas. José Ángel Parra

José Ángel Parra

6, junio 2022 - 5:43

Hablillas

A LA DERIVA

Aún estaba en su apogeo la edición 2022 del famoso torneo de tenis, Roland Garros -que culminó ayer con la decimocuarta corona de Rafael Nadal-, cuando trascendió un polémico suceso. Toni Nadal, tío del legendario manacorí, reveló que el pasado 29 de mayo evitó sentarse en el banquillo de su pupilo, Félix Auger-Aliassime, debido al parentesco del entrenador con su rival de ese día, en la fase de octavos de final. “Nunca le diría nada para que pudiera vencer a mi sobrino, porque por encima de todo soy tío de Rafa y nunca iré a decirle a otro cómo tiene que ganarle”, contó durante una entrevista.

El propio Toni recordó que esto ya lo sabía previamente el canadiense Auger-Aliassime, de ahí que el viejo consejero prefirió ver el juego desde un palco, como cualquier espectador. Ese día a quien debía apoyar quedó a la deriva. No está de más decir que Félix fue superado por Nadal en una apretada contienda, que se resolvió en cinco sets.

El relato viene a cuenta porque, sin decirlo -como cínicamente lo platicó Toni-, ¿cuántos entrenadores no aplican lo mismo, aún sin querer, cuando enfrentan a familiares o paisanos? Justo en noviembre, en la fase de grupos de la Copa del Mundo de Futbol Qatar 2022, México jugará contra Argentina, y como es sabido, el estratega del equipo nacional es el argentino Gerardo Martino. Y aunque no es la primera vez que esto sucede, dado que ya en el pasado el también argentino, Ricardo La Volpe, dirigió a los nuestros frente a la albiceleste, en Alemania 2006, este hecho debería cuestionarnos qué tan sano es emplear a técnicos foráneos para entrenar a México.

El famoso pentapichichi, Hugo Sánchez, ha sido uno de los principales críticos de tal postura. Para él tendría que ser un connacional quien esté al mando del Tricolor. Y si bien muchos lo han tildado de xenófobo, debemos reconocer que no es lo mismo manejar a la Selección de tu país, que hacerlo con la del vecino. Los jugadores naturalizados, por ejemplo, bien pueden defender los colores de su nuevo país, sobre todo por el anhelo de ir a un Mundial, pero las sensaciones nunca serán las mismas a la pertenencia que te da tu camiseta de nacimiento. Por eso convendría dejar de lado los excesos y comenzar a ver hacia adentro, a confiar en nuestra gente, porque este certamen es un concurso entre naciones. Que no se nos olvide.