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El deporte no descansa. Geoffrey Recoder
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Geoffrey Recoder

2, enero 2026 - 6:00

El ritual del fracaso

Cada enero se repite el mismo ritual colectivo: gimnasios llenos, tenis nuevos, aplicaciones descargadas y la promesa solemne de “ahora sí”. Ponernos en forma aparece, año tras año, como el propósito número uno en México y en buena parte del mundo. No es casualidad. Vivimos más tiempo sentados que nunca y, paradójicamente, más cansados que antes.

Los datos son incómodos. En México, 7 de cada 10 adultos viven con sobrepeso u obesidad, y más del 40% reconoce no realizar ningún tipo de activación física regular. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que el sedentarismo provoca más de 5 millones de muertes al año, una cifra comparable con el tabaquismo. No moverse mata lento, pero mata.

Enero también es el mes del autoengaño. Estudios internacionales muestran que cerca del 80% de las personas abandona sus propósitos de ejercicio antes de que termine febrero. Falta de tiempo, cansancio, frustración o expectativas irreales suelen ser los verdugos de la motivación. Queremos resultados rápidos en cuerpos que llevan años acumulando hábitos equivocados.

La buena noticia es que el cuerpo humano responde cuando se le da una oportunidad. Apenas 30 minutos diarios de activación física moderada reducen hasta en un 30% el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Caminar, subir escaleras, bailar o entrenar fuerza no es un lujo, es una inversión en vida. Países que apostaron por el movimiento cotidiano hoy gastan menos en salud y viven más.

Ponerse en forma no debería ser un castigo ni una deuda con el espejo. No se trata de enero, ni de likes, ni de cuerpos perfectos. Se trata de llegar al final del día con energía, de movernos sin agitarse, de dormir mejor y de envejecer con autonomía.

Tal vez este año el verdadero propósito no sea “bajar de peso”, sino dejar de mentirnos. El sedentarismo no es falta de tiempo, es falta de decisión. Y cada día que elegimos no movernos, el cuerpo toma nota. Porque el cuerpo no perdona discursos, no negocia excusas y siempre cobra. Y cuando lo hace, la factura se paga con salud.

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