Con la tecnología de Google Traductor

El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

29, agosto 2014 - 12:25

29 agosto 2014. Diego Reyes

CADA que puedo me doy mis vueltas a la casa de mi tía Remembrina; ella es una santa señora que nunca tuvo hijos, pero sí tiene una excelente memoria. Me gusta visitarle porque siempre me regala una historia; generalmente sus relatos están llenos del sabor de antaño. Ayer por la tarde pasé a mercar unos panecillos que a ella la enloquecen, son unas rebanadas con mantequilla y azúcar en la portada, mientras que los laterales están tostaditos; por debajo, naranjas ni mandarinas. Luego de hacerle los honores a un chocolate tipo español tan espeso como el campeonato para los Leones Negros, me contó la famosísima historia de “Don Pelayo”. Quien era un tipo adinerado, poseedor de grandes extensiones de tierra, cientos de cabezas de ganado, y un rancho que era la envidia de propios e impropios; obvio también tenía muchísima lana, de borrego y de billete. Pelayo, hombre trabajador, un mal día decidió cambiar su forma de vida, pensando que ya había trabajado mucho resolvió bajarle al agitado ritmo de sus labores y, sin querer queriendo, se levantaba más tarde, y descuidaba propiedades y animalitos en general. Sin darse cuenta su obesa cuenta bancaria estaba adelgazando rápidamente; pues dejaron de ingresar los centavos al mismo tiempo que se gastaban alegre y despiadadamente. Cuando Pelayo notó ese sensible descenso en la riqueza, echó mano de sus bienes para remediar los males, y comenzó a malbaratar propiedades y ganado. Al cabo de unos meses con el mismo estilo de vida, el rancho “los girasoles” pedía a gritos una manita de gato, literalmente se estaba cayendo a pedazos. Mientras que Don Pelayo aquel recio galán de campo, ahora parecía una pálida sombra, vestida apenas con remilgos. Para ese momento del relato, las de cocodrilo estaban a punto de traicionarme, la barbilla me temblaba de tristeza, solo de imaginarme aquella escena; Remembrina, que es una santa, cambió de tema, para que no me quebrara con la historia; me preguntó que cuales eran mis planes para el fin de semana; le dije que me quedaría en casa a ver dos duelos que prometen; América contra Pumas y Chivas-Cruz Azul. Mi tía volvió a tomar la pose del relato y recordó: “Cómo no acordarse de aquellos Pumas (por ejemplo) de Cabinho y Hugo, ¡uy mijo! Metían goles por racimos, y el equipo jugaba desbocado, determinado al frente, no había quien les tosiera en la CU, y de visita le ponían las peras a veinticinco a cuanto canijo tenían enfrente; y los Pumas de finales de los ochentas, que corrían como poseídos y tocaban como los Doors; y de su cantera extraían harto diamante. Y esas Chivas (por ejemplo) del campeonísimo, que ganaban, ganaban y ganaban, y cuando podían, volvían a ganar; luego las Chivas de los ochentas con Jaime Pajarito, el ‘Sully’, Quirarte y el “Snoopy” ¡ay! Aquel día que se agarraron a trompadas con el ame. ¡Qué recuerdos hijo! Qué recuerdos. Y entonces sí, ya no aguanté y se me rodaron las de San Pedro por los mejillones.

Cierro con una obra titulada “Príncipe”
Lo dijo José José:
Lo que un día fue no será,
La verdad que ahora se ve:
“La honra se jugará”.

Y si no, quéjense a la FIFA
Twitter: @pollodetlalpan