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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

María Vega

28, febrero 2015 - 10:35

28 febrero 2015. Alberto Lati

NO me gusta la idea. Ni siquiera la mera suposición ¿Dos pebeteros en unos Juegos Olímpicos? Hay factores que no han de ser modificados simplemente porque ya son como son y así están bien. Ya pueden llamarme conservador o tradicionalista, pero me cuesta hallar sentido a la iniciativa carioca de hacer arder el fuego de Olimpia en dos escenarios.
Uno estaría en Maracaná, sede de inauguración y clausura, el otro en el llamado Engenhao, donde serán las pruebas de pista y campo. Sucede que casi siempre tanto las ceremonias como el atletismo son albergadas por el mismo estadio; al estar separadas en esta ocasión, el Comité Organizador ha planteado tamaña revolución.
No sólo me agradó, sino que incluso aplaudí, la brillante idea británica de hacer tan futurista pebetero en Londres 2012, donde cada delegación, sin saberlo, desfiló portando un componente del mismo. Algo parecido puede decirse del arco y flecha en Barcelona 92 o del pebetero que descendió robótico en Atenas 2004: grandes proyectos para cargar de solemnidad, intensidad, espectacularidad y emotividad a ese instante cumbre del encendido.
Todo eso está de maravilla y bien hará Brasil en hallar alguna manera realmente vanguardista de hacer arder el pebetero de Río 2016: pero con un solo pebetero.
Como digo esto, también he de referirme al momento en que, a mitad de los Juegos, Londres 2012 extinguió el pebetero de su estadio olímpico y lo reubicó en otra parte del escenario. Por mucho que aseguraran haber guardado fuego original para reencenderlo, resultó un desafío total a la convención del olimpismo.
Dudo que el Comité Olímpico Internacional apruebe tal medida. Intentarán convencerlo con base en que más aficionados podrán iluminarse o retratarse con el pebetero (porque Maracaná tendrá muy escaso uso; no así los dos inmuebles vecinos, habilitados para voleibol y polo acuático), pero eso implica subir a dos algo que siempre ha sido uno.
¿Lo lograrán? De ser así, Río de Janeiro marcará algo más que un precedente en materia del fuego olímpico.
Twitter/albertolati