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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

26, diciembre 2014 - 13:28

26 de diciembre 2014. Alberto Lati

¿CUÁL es el primer recuerdo que le llega al pensar en Brasil 2014? Evidentemente eso dependerá de su nacionalidad, pero para los brasileños no puede ser otro más que la triturada que les propinó el a la postre campeón mundial, Alemania.
Desde que la FIFA les concedió la organización de un nuevo Mundial, Brasil ardía en temores por un nuevo Maracanazo, por volver a perder el título en casa… y lo de 2014 fue mucho peor a lo jamás temido, a la más cruel pesadilla.
Bien se sabe que este scratch tenía muy poco oro y ya sus primeros cinco partidos fueron mediocres: en la fase preliminar, victoria sobre Croacia gracias a la ayuda arbitral, incapacidad para derrotar a México y tres puntos contra un Camerún ya eliminado; en octavos, frente a Chile, a centímetros de no llegar a penales cuando en la última jugada del segundo tiempo extra un remate andino se estampó en el travesaño; en cuartos, ante Colombia, los últimos minutos fueron de pánico con el despertar del representativo cafetalero.
Con tales precedentes, más la suspensión de Thiago Silva (burdamente se ganó la amarilla en el duelo anterior), más la desafortunada lesión de Neymar, no quedó nada de la seleçao.
De cuantos partidos he tenido el privilegio de presenciar en vivo, en ninguno he tenido tamaña certeza de estar siendo testigo de la historia, como ese 8 de julio en Belo Horizonte. Ese día no hubo tiempo para digerir nada. El primer gol germano cayó al minuto once y hubo apenas una docena de minutos en los que todos pensamos que había partido, que Brasil pujaría por la igualada, que quedaba mucho por decirse. No obstante, al 23 se anotó el segundo, al 24 el tercero, al 26 el cuarto y al 29 el quinto.
Se sentía cierta incomodidad en el Mineirao, cierta pena ajena, cierto pesar por la marca histórica que se estaba adhiriendo a los jugadores verdeamarelas. De esa cancha saldrían tatuados sin remedio.
Alemania bajó el acelerador y anotó otros dos, que bien pudieron ser cinco, seis o los que quisiera.
Terminado el juego y habiendo visto la entrevista que dio David Luiz envuelto en lágrimas, me quedé sentado en la grada del estadio Mineirao. Algún aficionado brasileño se negaba a salir, como si eso implicara admitir que el cotejo pertenecía a la realidad, otro más gritaba contra todo, y los caballerosos alemanes salían a agradecer con mesura a su afición.
Ha sido el evento deportivo más twitteado de la historia. Es también la mayor mancha que Brasil ha encontrado en el deporte del que es el país más laureado de todos los tiempos.
Twitter/albertolati