Con la tecnología de Google Traductor

El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

26, agosto 2014 - 10:53

26 agosto 2014. Diego Reyes

TENGO un primo de nombre Cambalacho, al que de cariño le decimos: Lacho, Camba o “Chanoc”; este último apelativo es por su parecido con el mítico héroe del cómic nacional. Resulta que mi pariente es fanático del deporte y diario practica lo que él mismo llama el arcón de la salud, que contiene una carrera de 5,000 metros, 30 lagartijas, 30 abdominales, y como regalo especial, 30 sentadillas; cuando termina, se consiente con el famoso, delicioso y nutritivo jugo licuado de los campeones, mismo que se prepara con un litro de jugo de naranja, cuatro cucharadas grandes de avena y un nopal de tres y medio; estos ingredientes se vierten en el vaso de la licuadora y se muelen durante 15 segundos, luego se saborean de preferencia despacio. La semana pasada, cuando Lacho se disponía a prepararse la pócima, se dio cuenta que la licuadora no funcionaba, por más que la quería echar a andar, el electrodoméstico, no respondía, ni para atrás ni para adelante, nomás no jalaba. El “Chanoc”, curioso, la desarmó para intentar conocer la falla, al cabo de un rato encontró el desperfecto: el botón del encendido tenía un falso. Se dirigió con su electricista de cabecera, pensé que iría a comprar un encendido nuevo; sin embargo, el Camba, fanático del trueque, fue precisamente a catafixiarlo por otro. El dependiente le ofreció un botón reconstruido; a cambio, Lacho tenía que darle el desconchabado más una lanita, así lo hizo mi primo. Como el buen samaritano que a veces soy, le quise hacer ver a Cambalacho que al final no era un cambio, que lo que hacía era un recambio, y que en resumidas cuentas, estaba usando la misma pieza, valga usted la rebuznancia: usada. Mi primo, bonachón que es, mirándome con ternurita me contestó: “Pero sí funciona”. Al final, sin querer queriendo, el “Chanoc” me dio una lección, pues así es como funcionan los equipos pachorrudos o desangelados. Ejemplo: el equipo no funciona, la directiva se preocupa, cambian al técnico y (la mayoría de las veces) la cosa mejora utilizando los mismos jugadores. ¿No es tiempo de que esos directivos dejen de ser tan paternalistas con los mayormente responsables? Una prueba fehaciente es lo que sucedió el domingo en la CU, apenas Memo Vázquez había saludado al plantel y milagrosamente los mismos felinos consiguen su primer punto en casa. Si así de efectivo es Memo, que se dedique a sanar enfermos, pues con solo un roce de su mano levantó e hizo andar al Puma, cuando José Luis Trejo intentó de todo y simplemente el felino no mostraba signos vitales, si acaso estaba en los últimos estertores. Ya es tiempo de que todos los jugadores de todos los equipos den ese saltito al profesionalismo y hagan lo que les corresponde y se dejen de esas mañas tan vulgares y quintopatieras. Ahora fue el turno de Rubén Omar Romano, ¿a poco el técnico tenía que meterse a rematar las infantiles fallas del tal Cosme?
La verdad desnuda: la máxima responsabilidad en el campo es del jugador. Lo bueno de todo: Cambalacho ya se puede hacer sus jugos licuados.

Cierro con una obra titulada “Haciéndose pato”
Había un niño bien mañoso,
que fingía como un artista,
un buen día, al lagañoso,
le dijeron: “futbolista”.

Y si no, quéjense a la FIFA. Twitter: @pollodetlalpan