Con la tecnología de Google Traductor

Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

María Vega

25, octubre 2014 - 10:25

25 octubre 2014. Alberto Lati

CASI parece un milagro que los viejos escenarios del complejo aledaño al estadio Maracaná, hayan sobrevivido a las remodelaciones.
De hecho, si contemplamos el modernizado “Maraca” desde uno de sus laterales (justo donde está la entrada de prensa), podemos llevarnos la impresión de que las obras no han sido terminadas, toda vez que enfrente aparece el destartalado escenario de atletismo, Celio de Barros. En origen, cuando se recibió la sede mundialista, la idea era tirarlo y aprovechar de otra forma ese privilegiado espacio (algo parecido se pensó en relación con el vecino centro acuático); finalmente, decidieron mantenerlo y cambiarle la cara…, la pregunta es cuándo, cómo y con qué recursos.
Ya en enero de este 2014 hubo manifestaciones de atletas y entrenadores, quienes protestaban por no poder disponer de su sitio de entrenamiento. Si al menos estuviera en trabajos o con maquinaria al interior, quizá entenderían mejor para cuándo podrán volver a practicar ahí, pero el Celio de Barros se mantiene en punto muerto: ni se arregla, ni se permite su utilización.
Ahora corren dos versiones: la primera, que a toda costa se buscará habilitarlo para los Olímpicos, ya que un buen inmueble para pruebas de pista y campo sería muy beneficioso, máxime si se encuentra pegado a Maracaná; la segunda, que el rol olímpico de este escenario será meramente logístico, como estacionamiento o como almacén.
En tanto no se decida o anuncie la decisión, las protestas se mantendrán. Se entiende que no hay suficiente presupuesto para remodelar todas las instalaciones deportivas de Río de Janeiro, pero el problema no es ese, sino haberse frenado a mitad de camino entre modernizar o aferrarse al viejo diseño.
Desde que se inauguró el Maracaná a principios de los cincuenta, lo que hoy conforma el mini-estadio Celio de Barros se aprovechaba como campo para prácticas de atletismo. Esa tradición dio pie a que en 1974 se erigiera un pequeño graderío y se diera estructura al inmueble.
Desde hace cuarenta años, el Celio de Barros ha sido muy utilizado por los deportistas brasileños, quienes ahora buscan entrenar en sitios alternos y sin condiciones idóneas.
Vicisitudes de ser sede olímpica. Y, sobre todo, de no atreverse a decidir. Todo cambiaría con sólo determinar qué se quiere hacer con ese viejo escenario que, por lo pronto, desentona de lleno con el vanguardista Maracaná…, e impide retratarlo con semejante armatoste obstruyendo la visión.
Twitter/albertolati