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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

ESTO

24, febrero 2015 - 9:41

24 febrero 2015. Alberto Lati

TRAS la fiesta bacanal ha venido el examen. Casi al siguiente amanecer del cierre del carnaval, cuando todavía había vestuario y restos de carros alegóricos desperdigados por el sambódromo, se abre una semana de inspección por parte del Comité Olímpico Internacional.
¿Qué podemos esperar? Sobre todo, que se mantenga el tono conciliatorio que ha caracterizado desde hace al menos seis meses a las relaciones de las autoridades brasileñas y el Comité Organizador con el COI (la Copa del Mundo marcó en ese sentido el cambio de discurso, acaso cuando en el COI asumieron que por las malas es más difícil convencer a Brasil y que lo mejor era apapachar, masajear, sonreír).
Los temas de tensión para esta cumbre, ventilados ya en numerosos rotativos cariocas, apuntan en particular a una meta que difícilmente será alcanzada: la rehabilitación de la muy contaminada bahía de Guanabara y de las lagunas de Barra de Tijuca. Al mismo tiempo, preocupa el criticadísimo velódromo, tan demorado como costoso, así como la baja demanda de boletos que se ha manifestado en las primeras etapas de venta.
Sobre el primero de los puntos, las mismas autoridades locales han admitido que será muy difícil descontaminar esa bahía de aquí a agosto de 2016. Esperemos que no se presenten escenarios tan extremos como el perro muerto que encontró un velerista en el evento de prueba, pero que al menos no sea una zona tan propensa a infecciones como para frenar a los habitantes de Río de meterse a nadar o refrescar.
Sobre el segundo, vale la pena recordar que Río pretendía utilizar el velódromo de los Juegos Panamericanos de 2007; como muchas otras instalaciones de aquel evento, la de ciclismo caducó demasiado pronto en sus condiciones, aunque ni siquiera con unas mejoras servirá; por ello fue demolido y otro nuevo velódromo tiene que ser levantado.
Y del tercero, hablamos de algo que ya era evidente en Londres 2012: que ningún otro país (o casi) alcanzará semejante nivel de demanda por acudir a pruebas olímpicas. En cualquier país sede es fácil vender boletos para clavados, voleibol de playa, finales de atletismo y natación; no lo es tanto para el grueso de las disciplinas menos posicionadas y mediáticas; en la comparación con Londres, Río está muy rezagado en solicitudes de sitios en los escenarios, lo que obliga a buscar otras formas de motivar a los aficionados.
Terminó el carnaval y ya en su desfile final (el de las escuelas campeonas) estuvo la comisión inspectora del COI. Sin tiempo para superar la resaca, inicia un nuevo examen.
Twitter/albertolati