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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

23, septiembre 2014 - 10:54

23 septiembre 2014. Daniel Reyes

ALLÁ en mis lozanías, una jugada del destino hizo que de golpe y porrazo me convirtiera en ¡catequista! Recibí el llamado del señor, vía, una monjita dinamita, (la hermana María) empecinada a llevar a quien se le pusiera enfrente por el camino del bien; así recolocó a las órdenes de Guadalupe Teresa, una consagrada quien sería la encargada en adiestrarme en tan complicada labor. La verdad es que no duré mucho, pues mis cualidades docentes son muy escasas y mi conocimiento del Altísimo era bajo. Sin embargo me llevé dos cosas muy importantes en la aventura; un crucifijo bien bonito, bien fabricado, que me obsequió Lupita Tere y una frase que es muy simple, pero a la vez muy compleja por lo que encierra: “De todo hay, en la viña del señor”. Al término de la jornada futbolera del fin de semana, concretamente en la madrugada del lunes, a medio despertar, apareció frente a mí la figura de Guadalupe Teresa, que con su angelical rostro y su bondad infinita me explicaba lo sucedido: “De todo hay, en la viña del señor”. Primero sonreí al verle; inmediatamente después me dio miedo la visión y buscando una explicación, le eché la culpa a la sopa de hongos que me despaché el domingo por la tarde. Aunque luego del sofocón, más tranquilo, supe que había sido solamente el recuerdo de aquellos días de juventud extrema. Recordé que en la división de ascenso; la “Trinca Fresera” no había podido superar a los Correcaminos de Tamaulipas y que existía un compromiso de reembolsar las entradas si no sumaban; don Miguel Elías Favela, presidente del club Irapuato, anunció, como los meros machos: “El dinero se regresa, martes de 10 am a 5 pm. No llegamos a la meta de ocho mil espectadores pero de igual forma esta directiva cumple”. Directiva ejemplar, que no da resquicio a ninguna duda. Pero, permítame insistir en mi recuerdo, a manera de ilustración. “De todo hay en la viña del señor”; mister Vergara, (por todos conocido) haciendo pedazos el más elemental sentimiento de decencia; se dice, afirmó: “Yo no perdí, si no vean la taquilla”. Luego de que al rebaño celestial le hicieron comer cuero con pico de gallo a ritmo de samba; sin misericordia y a domicilio. Y ya ni hablar de los delincuentes, disfrazados de barristas (a caray, si es lo mismo) bueno de “seguidores” de monarcas, quienes violentaron en los accesos a la cancha y agredieron cobardemente (como lo hacen los barristas) a los elementos de seguridad, que desprotegidos, a la buena del señor, de milagro la brincaron. Por supuesto, no hay detenidos, la liga no dice nada y las autoridades hacen que hacen y no hacen nada. Posiciones completamente distintas; compromiso y honestidad fresera; cinismo y avaricia rayada; y complicidad con la delincuencia; en el caso Morelia. Y ya mejor ahí le paro porque me están dando ganas de ir por tantita agua bendita y rociar a unos canijos.

Cierro con una obra titulada “me quedo con lo bueno”
Si hubiera menos intereses,
Irapuato sería hoy el rey,
Sin tantos tejes, manejes,
Tendría del fut, el fair play.

Y si no, quéjense a la FIFA.
Twitter: @pollodetlalpan