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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

22, enero 2015 - 11:06

22 enero 2015. Alberto Lati

AUNQUE el estereotipo que persigue a Brasil es el de una sociedad que en su calidez llega a lo liberal y desenfrenado, la realidad es muy distinta.
Numerosos parámetros dejan claro que la población del país más grande de Sudamérica es más conservadora y apegada a viejas costumbres, que la mayoría de las que podemos encontrar en Europa (aunque ciertamente menos que las del común de Latinoamérica).
Esta semana se manifestaron en la playa de Ipanema mujeres sin la parte alta del traje de baño, en el denominado Toplessaço. Su protesta se atribuye a que desde 1940 en Brasil es considerado una ofensa pública el asolearse con los pechos al aire, lo cual puede implicar hasta un año de prisión o fuertes multas.
A simple vista, la paradoja es grande: en ninguna playa del mundo se encontrarán trajes de baño más mínimos que los vestidos en cualquier rincón de Brasil y semejante culto a la estética del cuerpo. No obstante, la diferencia es clara: siempre con las dos piezas del bikini. Esta contradicción es incluso más grande si tomamos en cuenta que en el sambódromo, durante cada edición del carnaval, hay mujeres bailando precisamente exhibiendo los senos.
Es cuestión de cultura, la cual, inevitablemente, termina por atraer turismo sexual, algo que las autoridades brasileñas pretenden frenar o reducir. Bajo ese tenor, una protesta que tendría que haber reivindicado el respeto a los derechos de la mujer, ha tornado en algo muy distinto, con todo un concurso por internet para detectar a la llamada Musa del Toplessaço. Más allá de si las mujeres prefieren asolearse con o sin bikini, si la intención era luchar contra el machismo y el turismo sexual, se contribuyó directamente a la causa opuesta, convirtiendo en objeto a los cuerpos femeninos.
Nosotros no seremos quienes señalemos a otra nación como tierra de contrastes, pero Brasil lo es tanto o más que México. Entre ricos y pobres, entre norte y sur, entre industria y playa, entre los segmentos con evidente influencia africana, indígena, italiana, alemana, japonesa…, y también entre hábitos: la prejuiciosa percepción dicta que en Brasil todo se vale, pero la realidad deja claro que, en esa apertura, también hay normas y limitaciones.
Quien vaya a los Olímpicos, como quien haya estado en el pasado Mundial, podrá coincidir con lo que explicamos.
Twitter/albertolati