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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

20, febrero 2015 - 10:33

20 febrero 2015. Daniel Reyes

URGE
RESULTA que de buena fe las autoridades de la capirucha reunieron a los grupos de animación de los Pumas y las Águilas en céntricas oficinas gubernamentales con el fin de que todos se pusieran de acuerdo e hicieran una especie de pacto de no agresión, por el bien de todos.
Luego de algunos minutos se fumó la pipa de la paz y ambos bandos salieron hacia la plancha del Zócalo; los líderes daban declaraciones, de cómo había sido la reunión y a qué acuerdos habían llegado, cuando de súbito, comenzaron a volar las cachetadas, los patines y las mentadas; la gran explanada de la ciudad de los palacios se convirtió en un inmenso ring, donde algunos inadaptados sacaban a relucir lo que se conoce en las altas esferas como “el código postal”.
Al cabo de un rato, los guardianes del orden pusieron a buen recaudo a los pocos que pudieron pepenar ¿Por qué pasa eso?
Antes de la explicación quiero contarle, si me lo permite, dos experiencias que viví personalmente (diría el Temo: “Y en persona”) en una porra de la universidad, concretamente en la “Plus”, a invitación expresa de Arturo Ortiz.
El juego era entre los felinos del Pedregal y los gloriosos Potros de Hierro del Atlante; la cosa comenzó como siempre; la “Plus” gritaba ocurrentes picardías que arrancaban la risa de propios e impropios; con cánticos arengaban a los suyos, de pronto, se acercó una mujer (porque es una porra mixta) a pedirle a Ortiz que calmaran a unos cuates quienes con un bombo molestaban a sus vecinos de butaca, pues además de no entonar el cántico correspondiente, insultaban con frenesí a quienes les pedían uniformidad; les mandaron pedir que entraran en orden, sin embargo, el cuarteto escandaloso desoyó la petición y continuó con su desmán; les enviaron un segundo llamado y nada; minutos después llegó una banda de diez “Pluses” y sin miramientos los sacó a empujones del inmueble, con la advertencia de que mejor no regresaran; así fue, no volvieron.
En otro juego, un Pumas Cruz Azul, igualmente asistí a la misma porra; otra vez los gritos, otra vez las picardías y también los cánticos; así transcurría el juego, hasta que una bestia (con perdón para las bestias por la comparación) arrojó un cohete a la cancha; el proyectil explotó con gran estruendo; todos en la “Plus” se quedaron atónitos; sobre todo porque el artefacto había salido del corazón de la porra; luego de unos instantes de descontrol; los mismos integrantes comenzaron a señalar al responsable de la estupidez. Con una risita de: “¡Ah, que cotorreo estamos echando!” el infeliz creyó que le iba a ser aplaudida su idiotez, sin embargo, sólo tuvo como respuesta que los propios porristas lo detuvieran y entregaran de inmediato a la autoridad.
En los dos casos, me explicó Ortiz, se trata de personas ajenas a la porra, que se filtran y se confunden en la multitud, e intentan agredir desde ahí.
Le pido por favor que de ninguna manera crea usted que estoy tratando de insinuar que la porra “Plus” es una sucursal del convento de las Carmelitas Descalzas y que Arturo Ortiz es el obispo de la congregación; no; lo que sí deseo transmitir es que hay personas que intentan verdaderamente pelear contra la violencia.
Por eso es que urge que la federación de una buena vez otorgue credenciales e identifique plenamente a los grupos de animación y ayude a los que sí hacen algo por detener la violencia.
Cierro con una obra titulada “Bla, bla, bla”

En cuestiones de violencia,
a ver cómo se lo explico,
la Femexfut sin conciencia,
aplica el jarabe de pico.

Y si no, quéjense a la FIFA
Twitter: @pollodetlalpan