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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

20, enero 2015 - 11:45

20 enero 2015. Alberto Lati

LOS dos puntos de referencia más inmediatos colocan a Río de Janeiro 2016 en una posición tan incómoda como comprometida: tener ceremonias de inauguración y de clausura a la altura de lo presentado respectivamente en Beijing 2008 y Londres 2012.
Al abrir esta semana ha trascendido que en breve se mostrará a las máximas autoridades del Comité Olímpico Internacional un esbozo de lo que se pretende proyectar en Maracaná durante la apertura y el cierre de los próximos Juegos.
Tres cineastas brasileños muy reconocidos han sido convocados para su desarrollo y ejecución: Fernando Meirelles, cuya película Ciudad de Dios sigue siendo la máxima referencia fílmica para acercarse al tema de las favelas; Daniela Thomas, quien ya estuviera involucrada en los breves actos que antecedieron al inicio del Mundial 2014 (ignorados, como suele suceder en el futbol, tanto por televidentes como por aficionados en las gradas); y Andrucha Waddington, quien dirigiera la gran película Eu, Tu, Eles.
De esta forma, Río 2016 repite la fórmula de Londres 2012 de ceder el control a una figura del cine, recordando que en la capital británica, la espléndida ceremonia fue llevada por el director Danny Boyle. No obstante, también tendrá que hallar forma (como antes los ingleses y los chinos) de resumir en ese acto la historia, el arte, la esencia, las aportaciones que hacen singular a Brasil. Londres 2012, al comparar sus bocetos de inauguración con lo hecho por Beijing, suplicó a unos meses el doble de presupuesto, mismo que fue concedido.
En este caso mucho me temo, aunque vale la pena conceder el beneficio de la duda, que se caiga en el estereotipo: desfile estilo carnaval, samba, gente dominando el futbol y capoeira. Sucede, sin embargo, que este inmenso país de Sudamérica (de hecho, el quinto de mayor extensión territorial en el mundo), es muchísimo más que la simplificación vendida en un afán turístico. Los propios brasileños se quejaban cuando en el videoclip que acompañó al himno del Mundial, Pitbull y Jennifer López aparecían rodeados del cliché carioca: mujeres ataviadas en ropa de carnaval y los prejuicios de siempre.
Esta ceremonia tendrá que honrar al traicionado pasado indígena, al golpeado legado africano, al Amazonas y el Mato Grosso, a la arquitectura de Niemeyer, a los diversos géneros musicales, a sus grandes escritores, a los casi 450 años de historia de Río, a su riqueza en absolutamente todo sentido.
Veremos qué sucede en Maracaná el 5 de agosto de 2016. Esperemos que el trío de talentos elegido logre crear un producto diferente pero a la altura de los dos anteriores.
Twitter/albertolati