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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

19, septiembre 2014 - 11:32

19 septiembre 2014. Daniel Reyes

TIGRE NEGRO
RECUERDO casi como si hubiera sido ayer cuando asistí a un encuentro por primera vez en el llamado Volcán, donde fui testigo de la pasión en grado máximo que la fiel afición felina le entrega en cada juego a su equipo. Era un clásico regio, y aunque en la tabla iban cerca de la mitad ambos equipos, la pelea por el orgullo estaba de a peso. Cuando me fui del estadio sentí gran respeto por ambas aficiones, aunque me sentí un grado más de simpatía por la de tigres. Luego de aquella ocasión, por cuestiones de trabajo iba bien contento a todos los juegos de los amarillos, siendo testigo de las alegrías y sufrimientos de su banda; y entrándole con fe al cabrito y a los frijoles con veneno. No puedo olvidar aquel encuentro del verano 2000 en que se enfrentaron en la última jornada a los Toros Neza; sólo necesitaban ganar para calificar a la fiesta grande, ante unos desahuciados astados a los que ya los esperaba la segunda división. Antes del encuentro aquello era una fiesta, las caritas de los aficionados expresaban confianza, pues los del norte venían jugando bien; mientras que el equipo de “mi Nezota” lucía como el escalón perfecto para las intenciones felinas. Comenzó la batalla y por ahí del minuto 41 Juan Augusto abrió el marcador a favor de los de casa; la felicidad estalló y con gritos de júbilo la fiel iglesia celebraba; cuatro minutos después se apareció el “Matador” Luis Hernández y sumó otro a la cuenta de los Tigres; el descanso era un jolgorio, todos veían a su equipo en la fiesta de fiestas; aquello parecía navidad por todos los abrazos que se gastaban en la tribuna, pero había más, al minuto 57, otra vez Luisito Hernández, esta vez con la de hueso, empujó el balón a la cabaña de Óscar Dautt, quien desesperado veía como los aplanaban los Ti-gue-res. Pero, aquí hace su aparición el desagradable y recochino “pero”, de pronto la historia dio un vuelco de película gringa; los nobles toros que no querían morir como cobardes se acercaron al marcador por conducto de Dany Garnero; tres a uno; sin inmutarse y con el juego controlado continuaba la fiesta en la grada; faltando 19 minutos para el final, Jorge Eduardo Gasso Flores, nazareno en turno, marcó una falta en la frontera del área grande de los Tigres; José Manuel Rivera se perfiló, disparó, el tiro no era fuerte, ni colocado, sin embargo, Jorgito Campos, quien había ido de aviador a los felinos se la comió, tres por dos se ponían las cosas; fieles a su estilo, los fieles de las porras le metieron segunda al apoyo, gritaban y cantaban más fuerte. Ya en tiempo de reposición, otra falta de los anfitriones, como si fuera una maldición, en el mismo lugar que la anterior, en la esquina que forman el área grande con la media luna en la colonia peligro; ahora el que se perfiló fue Esteve Padilla, quien al igual que Rivera no se distinguía por ser francotirador. Padilla tomó vuelo, disparó y, ¿qué creé? Sí, se la volvió a tragar Campitos, un rodadito al “center”, pero haga usted de cuenta que no tenía dedales, se le escurrió de la manera más boba. Segundos después, cuando el juego terminó, ya eliminados, aquello era deprimente, hombres, mujeres y niños lloraban y maldecían, sólo Luis Hernández dio la cara a los aficionados y con lágrimas en los ojos solicitaba el perdón, la multitud estaba frustrada y triste; máxime cuando Jorgito Campos salió huyendo con una risa en el rostro. Yo pensé que nunca los iban a perdonar y que se alejarían del estadio (¡hola chivas!), pero no; al otro día ya estaban juntando para el abono de la próxima temporada. Por eso ahora con la convocatoria a vestir de negro para que le llegue “El Simpatías” Ferreti; entiendo que el señor ya se pasó de la raya con un equipo grande, que ya rebasó a la directiva y hartó a una afición, conocedora, fiel y tolerante.

Cierro con una obra titulada “Necio”
Aunque Ricardo cree
que la afición no hace nada,
no oye, tampoco ve,
que le dicen: “A la fregada”

Y si no, quéjense a la FIFA
Twitter: @pollodetlalpan