Con la tecnología de Google Traductor

Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

19, noviembre 2014 - 9:42

19 noviembre 2014. Alberto Lati

SOBRE el tatami del World Trade Center de Boca del Río, la posibilidad tomó fuerza: María del Rosario Espinoza está en condiciones de igualar a Joaquín Capilla, único mexicano que hasta ahora ha ganado medallas en tres ediciones de los Juegos Olímpicos.
Haberse impuesto en la final de los Juegos Centroamericanos y del Caribe a la actual campeona del mundo, la cubana Glenhis Hernández (a quien por cierto ganara el bronce en Londres 2012), deja clara las perspectivas de la sinaloense de contender en Río de Janeiro 2016 por otra presea.
A los 29 años no será sencillo, pero María del Rosario parece haber aprendido a sustituir la velocidad que inevitablemente se pierde con el tiempo con un gran oficio.
Su rol en Veracruz 2014 no era sencillo. Normalmente los personajes elegidos para encender el pebetero de una justa multideportiva padecen mucho para validar las glorias que los llevaron precisamente a esa distinción.
La taekwondoín, sin embargo, se mostró con su habitual serenidad y entereza. Concentrada, alternando intensidad con cálculo, sólida mentalmente. Tras colgarse el oro me decía que haber prendido el pebetero en el estadio Luis “Pirata” Fuente resultó una inspiración fundamental para imponerse en tan difícil final (de hecho, de las pocas finales que tendremos en estos Juegos que enfrentan no sólo a lo mejor de la región, sino del planeta).
Mientras Espinoza saboreaba su nueva hazaña, recordé un diálogo que tuve con ella a poco de empezar los Olímpicos de Londres, justo cuando fue portadora de la antorcha olímpica. Conversamos sobre sus humildes orígenes en el pueblo de La Brecha (Guasave), sobre sus inicios en el taekwondo, sobre el apoyo de su padre (“él quería que yo consiguiera algo, tenía clavada la espina porque él quiso estudiar, ser algo más, pero siempre estuvo en la pesca”), sobre su destino (“si no fuera por el taekwondo, yo a mi edad ya estaría casada y con hijos”), sobre el mar (“mis padres me enseñaron a admirarlo, de niña amaba verlo diario y los barcos me encantan…”). Mar sinaloense que queda muy lejos del que baña al puerto jarocho, pero mar al fin.
Por delante vienen Juegos Panamericanos en Toronto 2015 y buscar el pase a Río 2016, lo cual no será sencillo con la cantidad de talento mexicano que puja fuerte por un boleto olímpico.
María del Rosario sabe que si mantiene la línea exhibida el lunes en Boca del Río, ese nuevo escalón histórico está a su alcance. En la cima, Joaquín Capilla la espera.
Twitter/albertolati