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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

16, diciembre 2014 - 9:58

16 diciembre 2014. Daniel Reyes

El hombre
POR esas cosas de Dios, me tocó asistir a la gran final del futbol mexicano.
Un marco maravilloso creado por la afición americanista que irradiaba seguridad por cada poro de su amarillo ser; en cambio los miles de tigres llegados de todos lados, a medida que se acercaba la hora, se notaban nerviosos y desconfiados del golecito que traían de la ida.
Comenzó el juego y los del norte aconsejados por el hombre que más sabe de defensa en México (don ‘Tuca’) se dedicaron a no jugar, pero sobre todo a no permitírselo a los dueños del campo, tocaban lateral y destruían cualquier intento de sus rivales, mandando pelotazos a casa de la Chinaca y a veces un poco más lejos.
La fiel iglesia águila, cada vez apoya con mayor intensidad a los suyos, hasta que en ese jueguito lateral, la “Chilindrina” le alargó una pelota al “Cacha” que no alcanzó el uruguayo, pasaba por ahí Arroyo y ante la incrédula mirada del mundo, hizo lo que nunca había hecho en la temporada, picó determinado al área y les atizó a los felinos el del empate; estalló en la tribuna una pertinaz lluvia de cerveza, mientras la locura se apoderaba de los espectadores.
Acabó el primer medio kilo y el ambiente prometía lo mejor.
Para el complemento Ferretti mandó al “Tito” Villa por Lugo, para atacar más y mejor, los primeros quince minutos hicieron renacer la esperanza tigre, pero un minuto después; Pablito Aguilar, les dio la vuelta con la de pensar.
Un instante después el hombre de negro perdió el juicio y se le fueron las cabras al monte; y comenzó el festival de la tarjeta; bajando la finalísima a una categoría rural; para colmo Ricardo Ferretti, demostró que no es tan abusado como dicen a la hora de cuidar un marcador.
Del otro lado, el hombre de la polémica (Toño Mohamed) fiel a su estilo defensivo, hizo ingresar al “Topo”, montándose en su macho, por no decir: la necedad.
Como era de esperarse llegó el tercer pepino y esta vez la explosión líquida en la tribuna incluyó una diversidad de líquidos que obligaron a resguardarme, por aquello de las re cochinas dudas.
Al final, América se alzó con el campeonato, muy merecido, sobre todo para el hombre decisivo (Ricardo Peláez) quien es el cerebro de los últimos logros amarillos; supo aguantar, pelear, apechugar, regañar y consentir, todo con tal de ver a su equipo en lo mas alto.
En conclusión un partido atípico para una final, pues la realidad es que se esperaba algo mucho más equilibrado y terminó siendo un desgarriate, dirían en san Pedro de las perinolas.
Cierro con una obra titulada “ya murió”

El América voló,
Y propinó una goleada,
El felino se murió,
El pobre murió de nada.

Y si no, quéjense a la FIFA
Twitter: @pollodetlalpan