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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

15, agosto 2014 - 9:35

15 agosto 2014. Diego Reyes

¡Mordida, mordida!

EXISTEN cientos, quizá miles de casos donde la justicia, ciega como es se comporta benévola y cambia por ejemplo una ejecución en la silla eléctrica por una cadena perpetua. Dicen que en algunos países donde la moral es laxa, doble o de plano “bien quién sabe cómo”; la ley es veleidosa, durísima contra el pobre; mientras que con el rico es ligera, suave, tersa y moldeable. Generalmente son los encargados de aplicarla, los que la manejan a su antojo; (¡soy un genio y acabo de inventar el agua tibia!) y pueden prostituirla (saludos a los funcionarios jacarandosos) o hacerla justa tal cual nació. Usted se preguntará: ¿qué coruco picó a este pollo? ¿por qué intenta hacerla de tinterillo? Lo que sucede es que el omnipoderoso TAS (tribunal de arbitraje del deporte) dictó sentencia a Luisito “caníbal” Suárez; el inquieto jugador uruguayo afecto a la carne humana que por tercera ocasión (conocida) tiró una tarascada a un congénere en el mundial pasado. En aquellos días, indignada la FIFA lo trató como se trata a una escoria social, expulsándolo del evento; haga usted de cuenta que lo hubieran agarrado robándose algo. Las pías conciencias del máximo organismo balompédico, de botepronto le arrebató la acreditación del pecho y aplicó “un” castigo dividido en cuatro; le multó, le prohibió el acceso a los estadios, lo echó ocho juegos con la selección y de postre cuatro meses fuera de las canchas. De inmediato los falsos moralistas aplaudieron la medida y con mirada inquisidora comentaban lo justo del castigo; tal y como es la obligación en esos entes, olvidaron toda las corruptelas, cochupos, tongos, abusos, derivados y conexos que hay en el vapuleado fut. Y así masticar al prójimo es peor que deberle a un equipo y tener con el Jesús en la boca a los jugadores y a sus familias y hacerles pasar momentos terribles y a veces quedarles a deber por los siglos de los siglos. Hincarle el diente a un colega es peor que llevar a efecto pactos arbitrarios que juegan con el trabajo de los (dejados y agachones) jugadores que son tratados como objetos.

Degustar a un compañero de profesión es peor que ser directivo y vender tu voto a un corrupto que terminará dirigiendo una confederación.

Morder a un rival es peor que llevarse la lana descaradamente por la construcción de los estadios mundialistas y volverse rico de la noche a la mañana robando el dinero público. Probar el brazo de un futbolista es peor que: abusar de tu posición como directivo y traficar con boletos y salirte con la tuya.

O sea, saborear a un contrincante es peor que controlar torneos, como lo hace la CONMEBOL con la Libertadores; por ejemplo.
¡No manches! ¡Qué malo eres Luis!

Cierro con una obra titulada “TAS”
Suárez es “criminal”,
Por darle a Chiellini un zaz,
El juez es un animal,
Que le dijo “Cómo esTAS”

Y si no, quéjense a la FIFA Twitter: @pollodetlalpan