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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

14, noviembre 2014 - 8:42

14 noviembre 2014. Daniel Reyes

REALIDADES
AUNQUE sé perfectamente quién maneja la pomposa Liga MX, siempre que alguien la menciona me imagino que los que toman las decisiones son unos viejecitos, de barba larga y blanca, cubiertos con una túnica, que tienen prohibido reír, mirarse a los ojos, hablar en voz alta, y sobre todo ser felices; que se guían por un reglamento hecho en la Edad Media; más o menos por el año 602 y redactado por otros viejecitos como ellos. Aclaro, no, no es malo ser viejo, lo malo es la hipocresía.
Es increíble que a estas alturas de la humanidad, cuando la información fluye en un segundo, literalmente, quieran hacernos creer que ellos viven en una burbuja, donde todo es perfecto, donde la verdad y la justicia se respiran en el ambiente y la honestidad los baña con su rocío cada mañana. “¡Mis polainas!” Diría categórico el general Agallón Mafafas, zorro del Desierto de los leones.
Y es que imponer una multa al club León por la manifestación del público en la tribuna es verdaderamente ridículo. De pena ajena.
Deberían, por el bien de todos, investigar mejor a aquellos que quieren formar parte de esa hermosa familia femexfuta y que nos les metan un gol; ser legales con los jugadores que sufren los atropellos de los clubes; poner en orden a sus nazarenos, desaparecer su endiablado “pacto de caballeros”, antes de darse golpes de pecho, que no se los cree nadie. ¡Ah, que viejillos tan músicas!
Otro que saltó a la palestra de las dudas fue la “hiena” Carlos Vela, ese carnalito tripolar, que se negó y se negó, hasta que milagrosamente y sin saberse por qué le subió un chorrito de agua al tinaco y aceptó la invitación; y en dos horas le dio la vuelta al mundo.
De paso nos enseñó lo bonito que es el idioma español y definió perfectamente la palabra “soberbio”, en dos acepciones; pues hizo un juego así, nadie como él para controlar el balón, pasar al compañero, convertirse en opción para recibir, chocar al rival, ganarle por velocidad, disparar a gol y ubicarse en el terreno como un experto en logística. La Real Academia Española diría, “grandioso, magnífico”.
Igualmente su soberbia le llevó a perderse una medalla de oro olímpica y le privó de ayudar a conseguir el ansiado quinto partido en el Mundial pasado a la Selección por su actitud tan egoísta, la misma Real Academia, le diría al soberbio que tiene: “Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás”.
Por último, lo del castigo al profesor Andrés Fassi es un monumento a la doble moral; o un pedido a la carta. Es muy simple: para que exista un delito debe haber un agraviado; y si el juez en turno, Fernando Guerrero, aseguró no haber recibido amenaza alguna, ¿por qué carambas hay un castigo? ¿Es por gritar? Entonces, vengan por mi vecina ¡y díctenle cuatro cadenas perpetuas! O al de los “pidan sus ricos y deliciosos tamales calientitos” denle un año.
No es posible que, por ejemplo, Tomás Boy le surta de trompadas a un aficionado y esté tan campante, mientras que Fassi, por decirle al árbitro (en otras palabras) que se le iba a caer la cara de vergüenza cuando viera en la telera su rebuzno, lo traten como si fuera un delincuente. Diría mi abuelo, que es un sabio: “Ahora si se hicieron afuerita del bacín”.

Cierro con una obra titulada “Paseo”

Nuestro futbol es un viaje
que en las bajadas abusa,
y también en el viraje,
¡es una montaña rusa!

Y si no, quéjense a la FIFA.
Twitter: @pollodetlalpan.