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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

13, agosto 2014 - 9:29

13 agosto 2014. Alberto Lati

UNA nueva era comenzó para el aeropuerto más importante del contexto deportivo desde el año pasado con la Copa Confederaciones, y hasta 2016 con los Olímpicos: los de Río de Janeiro.

El aeropuerto que lleva el nombre del compositor Tom Jobim (creador entre otras de la canción La garota de Ipanema), pero que es más famoso por su antigua denominación, Galeao (como se conoce la playa vecina), ha sido concedido por veinticinco años a iniciativa privada.

El acuerdo es que el conglomerado que lo operará invertirá en esas dos décadas y media unos 2,300 millones de dólares, aunque de aquí a la inauguración de los Olímpicos se le inyectarán casi mil millones de dólares en mejoras.

La terminal dos será ampliada casi al doble, con 26 nuevas puertas de embarque, además de que contará con 68 nuevos puntos de documentación, que pasarán de 227 a casi 300.

Un proyecto de mejoras que, de ser concluido en tiempo para los Juegos de verano, resultará determinante para la eficiencia de los mismos.

La exigencia de unos Olímpicos es muy diferente a la que representa un Mundial. Sobre todo, por focalizar los Juegos en una sola ciudad y no en un completo país. De ahí que la cantidad de personas que llegan a un mismo sitio, en este caso la urbe carioca, es mucho mayor.

Londres 2012 dejó como legado a la capital británica, que ya contaba con seis aeropuertos, una nueva terminal en Heathrow. Fue llamada la terminal olímpica y utilizada exclusivamente para la familia olímpica: atletas, oficiales, entrenadores, directivos.

Beijing 2008 hizo nacer la tercera terminal del aeropuerto pequinés, que es la segunda más grande del mundo (sólo superada por una del aeropuerto de Dubai).

Atenas 2004 tuvo como su máxima obra el aeropuerto Eleftherios Venizelos, inaugurado tres años antes del regreso del fuego olímpico a la capital griega.

De tal forma que la última vez que una sede olímpica apenas modificó su aeropuerto, fue Sidney 2000, donde no se vio necesario (y el tiempo les concedió la razón) efectuar severos cambios a esta instalación.

Si los nuevos operadores del Galeao logran cumplir con lo prometido, Río de Janeiro 2016 ya va de gane en relación a Brasil 2014. Además, está construyéndose una imponente carretera que conectará el aeropuerto con la zona medular de los próximos Juegos, que es Barra de Tijuca, donde están Parque Olímpico, Villa Olímpica, Hotel de prensa y centro de televisión. No dudo que esa autopista será terminada con perfecta puntualidad para agosto de 2016.

Empezó una era de 25 años, cuya prueba máxima será en dos. Galeao tendrá que cambiar al mundo la triste percepción dejada por los aeropuertos brasileños en el pasado Mundial.
Twitter/albertolati