Con la tecnología de Google Traductor

Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

12, febrero 2015 - 9:34

12 febrero 2015. Alberto Lati

UNA de las mayores paradojas que perseguían a Río de Janeiro 2016, era que el estadio destinado para las pruebas de pista y campo portara el nombre de un personaje purgado del Comité Olímpico Internacional.
A fines de 2011, el ex presidente de la FIFA, Joao Havelange, renunció a su cargo como miembro del COI, con la finalidad de frenar así la investigación y denuncia a las que estaba expuesto. Lo anterior, bajo la acusación de haber recibido sobornos.
Competidor olímpico en natación en Berlín 1936 y en polo acuático en Helsinki 1952, Havelange había sido miembro del COI desde 1963: casi medio siglo, interrumpido de forma abrupta y escandalosa.
Sin embargo, quedaba pendiente lo del estadio, popularmente conocido como Engenhao, debido a que se ubica en el barrio carioca de Engenho de Dentro. El Comité Organizador se negó en un principio a modificarle el nombre y reiteró la importancia de homenajear el legado del hombre que presidió el futbol durante veinticuatro años.
Es la casa del club Botafogo, no por propiedad sino por un acuerdo de alquiler a veinte años. Por ello el equipo que viste en rayas verticales blanquinegras insistió en su intención de rebautizarlo como estadio Nilton Santos, una de las máximas glorias tanto del club botafoguense como de la selección brasileña (este defensa fue pilar del equipo campeón mundial en 1958 y 1962).
A las puertas del Engenhao ya existía una estatua del imponente Nilton Santos pisando un balón, sólo faltaba complementarlo con el cambio de nombre.
No obstante, la prefectura carioca ha insistido en que para efectos oficiales el estadio continuará siendo llamado Estadio Olímpico Joao Havelange, por mucho que la misma autoridad ha admitido que a partir de ahora todos se referirán a él como Estadio Nilton Santos.
Estrategia obvia para desmarcarse de la sombra de Havelange y poco a poco acostumbrar a la afición a denominarle de otra forma. El COI, como queda claro, ha ganado ese pulso y ha zanjado la incómoda asociación con un personaje al que obligó a renunciar.
Twitter/albertolati