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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

11, septiembre 2014 - 11:05

11 septiembre 2014. Alberto Lati

EN épocas en las que es rutina señalar a los mega-eventos deportivos por el gran gasto que suponen y por su escaso legado al país anfitrión, los Juegos Paralímpicos se mantienen como todo un bálsamo.
Por un lado, obligan a la ciudad sede a efectuar adecuaciones que posibiliten la movilidad para personas con discapacidad. Por otro, todavía más importante, proyectan un importantísimo mensaje de inclusión y aceptación a todo el planeta: al ver de lo que son capaces esos titanes, al admirar sus gestas, resultan abandonados pesados estereotipos.
Pero, en el fondo, hay algo más: que son pocos los países que cuentan con verdaderos complejos deportivos para desarrollar a atletas paralímpicos y el recibir la estafeta para albergar este evento es pretexto inmejorable para superar esa carencia.
En dos años se estarán disputando los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro 2016 y Brasil está construyendo un vanguardista centro para el desenvolvimiento de sus deportistas con discapacidad. Ahí habrá cupo para alojar a 280 personas, con su unidad de medicina, ciencias del deporte, comedores, así como instalaciones para la práctica de más de doce disciplinas: atletismo, baloncesto, bocha, esgrima, futbol 5 y 7, golbol, levantamiento de pesas, judo, natación, rugby, tenis, triatlón, voleibol.
En total se han invertido unos 150 millones de dólares; la intención es que esté listo a un año de la inauguración de los Paralímpicos de Río. Así, los exponentes de Brasil podrán contar con una mejor preparación. La meta verdeamarela es nada menos que colarse al top-5, toda vez que en Beijing 2008 fueron novenos en el medallero y en Londres 2012 alcanzaron el séptimo puesto general.
Unas décadas atrás hubiera sido difícil imaginar que Olímpicos y Paralímpicos lograrían tal nivel de simbiosis. Suficiente triunfo ya suponía el utilizar las mismas instalaciones y efectuarse con pocas semanas de diferencia, como sucedió a partir de Seúl 88. El verdadero cambio se dio en Atenas 2004, cuando ya fue compartido el Comité Organizador. Para Londres 2012, inclusive logotipo y mascotas se unificaron.
No es algo barato para el movimiento olímpico, aunque saben bien que les conviene incurrir en ese apoyo. Y para los anfitriones, es, repito, un bálsamo. Nadie se atreverá a discutir el gasto para levantar ese Centro Paralímpico de Sao Paulo, porque eso sí, ni duda cabe, es un legado del mega-evento deportivo a la sociedad local.
Twitter/albertolati