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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

9, septiembre 2014 - 10:19

09 septiembre 2014. Daniel Reyes

LABORATORIO

HACE muchos años existió un gran científico, Paracelsaso; mente magnánima que transitaba en la delgada línea que había entre la química, física, astrología, semiótica, metalurgia, medicina, misticismo, espiritualismo y arte; era amigo íntimo de los elementos, padrino de los astros, compadre de las ánimas, maestro de la palabra y confesor de las fórmulas.

En su tierra era ampliamente reconocido, incluso gozaba de las simpatías de propios e impropios. Tenía un rudo conocimiento de las cosas, mismo que había adquirido en su feliz transitar por la vida y sus vaivenes. En aquellos años, como todos los de su elevada estirpe, buscaba con ahínco la fórmula para fabricar oro, encontrar el elixir de la vida eterna y revelar de una vez por todas ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? Y ¿a dónde vamos? Todo a través de sus terrenales plataformas; sin embargo, la vida que es cine le tenía preparado un cambio drástico en sus planes laborales.

El buen Para sufría de repentinos ataques de tos; incontrolables accesos que le dejaban agotado por el frenesí con el que se presentaban; sin decir ni agua va, se le manifestaban haciéndole perder el control del cuerpo. Un día, cuando se recuperaba de un episodio de tos, decidió que tenía que encontrar la cura para sus males, por lo que volcó tiempo, imaginación y trabajo en pos del remedio. Pasaba largas horas en el laboratorio, haciendo ensayos, mezclaba esto con el otro, y aquello con eso, acercándose poco a poco a su objetivo. Luego de muchos intentos, tuvo en sus manos lo que él pensaba que era la receta.

Sin revelarle a nadie el logro, escogió a algunos amigos que sufrían eventos de tos; les pidió que tomaran unas cucharadas en la mañana, otras en la tarde y las últimas por la noche, durante ocho días. Los pacientes así lo hicieron; religiosamente ingerían sus dosis tal como lo había indicado Paracelsaso.

Al cabo del tiempo pactado los entrevistó, preguntándoles por sus males; de una u otra forma todos le respondieron lo mismo: “Pues de la tos seguimos igual pero está bien rico el jarabe” Y el científico decidió hacerlo refresco para volverse millonario.

Ayer por la tarde, viendo el entrenamiento del Tricolor, creo que más o menos así anda Miguel Herrera, pues con el cuadro que entrenó y que presenta hoy ante Bolivia, será una verdadera prueba, un ensayo que no parece nada mal, pues aunque chavos, son elementos probados que sólo requieren recorrer más lona, rodar más kilómetros, sumar horas de vuelo, o como usted guste y mande llamarlo; pues el año que viene traerá mucho trabajo para dos selecciones que deben tener la misma exigencia de calidad. Lo de hoy, hacemos votos porque resulte tal y como es la capital de Bolivia: La paz.

Cierro con una obra titulada “Pipetas y morteros”.

Que Miguel con ese tino,
mezcle bien cada ración,
convierta el agua en vino,
y en triunfo de selección.

Y si no, quéjense a la FIFA.
Twitter: @pollodetlalpan