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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

8, enero 2015 - 10:30

08 de enero de 2015. Alberto Lati

EL rol primordial de Cathy Freeman en Sydney 2000, consistente no sólo en la medalla de oro en los 400 metros sino también en haber encendido el pebetero en la inauguración, propició el guión perfecto para un guión de cine; tras siglos de discriminación, persecución y segregación de la comunidad aborigen australiana, una de ellos se convirtió en personaje rector de los Olímpicos en ese país.
Evidentemente con los triunfos y reivindicaciones de Freeman la realidad aborigen no se modificó en la inmensa isla de Oceanía, pero sí se lanzó un poderoso mensaje de igualdad, de recordatorio, de justicia y dignidad.
Algo parecido podría vivir Río de Janeiro 2016 con el arquero indígena Dream Braga. Con diecisiete años, ha sido incorporado al equipo olímpico brasileño y, por lo que relata un buen reportaje de la cadena Globo, su evolución es asombrosa.
Dream pertenece al pueblo Cambeba, que habita una aldea en el tramo del Amazonas denominado río Solimoes. Recientemente hubo una interesante convocatoria nacional para buscar a los mejores exponentes de tiro con arco y flecha dentro de las comunidades indígenas. Así fue detectado el muchacho, quien desde entonces es capacitado en las técnicas y lineamientos modernos de este deporte.
A inicios de 2013, el equipo de futbol Gaviao de Kykatejé se convirtió en el primer representante indígena en clasificarse a las divisiones profesionales de Brasil. Especialmente significativo fue el gol inicial anotado por Arú, con el rostro y cuerpo pintado de acuerdo a los rituales de su tribu.
Aquello sirvió, como el caso de Dream o en su momento de la inolvidable Cathy Freeman, como todo un mensaje a la manera en que sólo el deporte lo puede hacer: inclusión, integración, respeto, igualdad.
La historia no va a cambiar gracias a lo que algún deportista indígena consiga, pero un evento de la naturaleza de los Olímpicos sí puede dar otro nivel de repercusión a las justas demandas que rodean a estas segregadas comunidades, sobre todo si recordamos que en Brasil se hablan 180 lenguas indígenas; sobre todo también si recalcamos cuánto se ha dicho del sufrimiento (obviamente, atroz e innegable) de la población negra y tan poco se ha hecho del de la indígena.
Twitter/albertolati