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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

7, octubre 2014 - 9:03

07 octubre 2014. Daniel Reyes

CHIVA LOCA
HACE algunos años, cuando todavía se presentaban animalitos en espectáculos, en un pueblito lejano del hermoso interior de la República nació una hermosa y alba cabrita, que a medida que pasaba el tiempo, la cornudita iba creciendo, con una peculiaridad: estaba bien lorenza, era traviesa y atrabancada, además, desobediente.
Por nombre le pusieron rayas, pues su pelaje contaba con algunas líneas que atravesaban su sagrado cuerpecito; a medida que pasaba el tiempo crecía más y más, incluso quien le veía notaba que muy era grande y robusta para su edad. Cierto día los pobladores se dieron cuenta que la chiva se había vuelto un verdadero problema, pues no había ser humano capaz de gobernarla, por lo que decidieron donarla a un espectáculo circense; ahí la voluntariosa rayada hacía lo que le venía en gana, en sus presentaciones realizaba sólo los trucos que se le antojaban, por lo que le cambiaban de domador a cada rato, por su culpa, corrían a uno cada que cambiaba el horóscopo.
Hasta que un buen día llegó un determinado domesticador, que convenció a la cabra y la llevó a la cúspide de la fama; la chivita se convirtió en la sensación por lo bonito de sus evoluciones, se llenó de cariño y reconocimiento; pero fiel a su naturaleza, un día dejó de obedecer y cobró en el determinado domador otra de sus víctimas.
A partir de ahí iban y venían los que probaban suerte con la sagrada; por ese lugar pasaron incontables personalidades, que iban del más famoso hasta el que no lo conocía ni Santaclós; del más competente hasta el peor de los ignaros; del más serio hasta el peor de los payasos, y nada.
Se creyó en el lugar que era momento de traer de vuelta al determinado domador, y así lo hicieron, sin embargo, la chiva, con más años encima, aparte de todas sus “cualidades”, ahora también era un costal de mañas.
Buscaron al gran, gran domesticador, quien sin mucho trámite aceptó charlar de inmediato, hombre de desafíos, vio la oportunidad de volver a los reflectores a cumplir una gran tarea; además de que amaba a rayas.
Cuando entró al lugar donde se encontraba la chiva, ésta se le quedó viendo con una mirada enigmática y medio loca; entonces el determinado domador comenzó a pensarlo muy seriamente.     
Ahora mismo la fábula de acá arriba se sigue está escribiendo, y al parecer le faltan muchas páginas por llenar.
Se da por hecho la llegada del Chepo al rebaño celestial, pero cualquier ser humano que se ponga en sus sandalias se daría cuenta que fácil, lo que se dice fácil, no es.
Circulan algunos nombres, Omar Arellano entre los más sonados, la verdad sólo la conoce el altísimo; pero quien sea que llegue debería exigir una lanota por cese (cosa muy probable en el banco chiva) y otra lanota por soportar al dueño y sus cosas.

Cierro con una obra titulada “alto riesgo”
Ser de Chivas director
es todo menos un sueño,
no es tarea de buen pastor
aguantar “cosas” del dueño.
 
Y si no, quéjense a la FIFA.
Twitter: @pollodetlalpan