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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

6, enero 2015 - 11:24

06 de enero de 2015. Alberto Lati

LA rotación de puestos en el gabinete de la presidenta Dilma Rousseff, ha tocado el punto más sensible de cara a Río de Janeiro 2016: desde este lunes, Aldo Rebelo no es más el ministro brasileño del deporte.
Si a una personalidad política se le podía dar crédito previo al pasado Mundial de futbol, era precisamente a este individuo de perfil bajo y actitudes sensatas. Su vínculo con el deporte no era algo casual o nuevo, sino que el propio Rebelo fue la persona que encabezó las investigaciones luego de que Ronaldo disputara la final de Francia 98 bajo dudosas condiciones de salud.
Entre los periodistas que seguíamos los preparativos de Brasil 2014, era común dar especial relevancia a todo anuncio que Rebelo realizara. Si él decía que una obra se culminaría, si él garantizaba algún tipo de preparativo, si él se preocupaba por cierto tema, propiciaba toda una corriente. Por ello le fue casi suplicado que no contendiera por la gubernatura de Sao Paulo en octubre de 2013, ya que esa maniobra, a la par de hacerlo futurible a la presidencia del país, habría dejado huérfanos a los preparativos mundialistas.
En su sitio estará el ex diputado George Hilton, inédito para el contexto deportivo. Su obvia prioridad tiene que ser la ya muy cercana justa olímpica. La pena es que todo el aprendizaje que su antecesor extrajo de Brasil 2014, será casi ajeno a Hilton.
Su primera declaración vinculada a Río 2016 ha sido: “Quiero que el legado sea amplio para todas las modalidades, democrático y nacional, alcanzando a todos los brasileños, pero también duradero, yendo mucho más allá de los Juegos de 2016. De tal forma que los efecto positivos de los Juegos Olímpicos influencien a las nuevas generaciones a seguir el camino del deporte”. Lo esperable para estos casos, ni más, ni menos.
Hilton merece el beneficio de la duda, pero no puede ser ideal. El año más importante para todo mega evento deportivo es el previo; de lo que se haga en este 2015 depende buena parte del éxito de los Olímpicos, pero, sobre todo, la percepción que de ellos se genere. Brasil 2014 nunca logró recuperarse del caótico mensaje lanzado antes de rodar la pelota en el Mundial. Sus Juegos cariocas todavía pueden remediarlo, pero deberán perseguirlo sin el apoyo del político más sensato para tales fines.
Twitter/albertolati