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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

ESTO

5, marzo 2015 - 10:03

05 marzo 2015. Alberto Lati

LA crisis de Río de Janeiro 2016 hoy es el campo de golf. Crisis que el sábado pasado no logró resolverse, sino todo lo contrario, cuando el titular del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, decidió salir a dialogar con manifestantes que protestaban por el desastre ecológico que, aseguran, esa instalación constituye.
Para comprender lo que llevó a Bach a intentar hablar o negociar con los manifestantes (lo que de ningún modo consiguió), hace falta considerar lo siguiente.
Desde que concluyó el Mundial, el COI ha dirigido cada una de sus iniciativas, cada uno de sus comportamientos, cada una de sus declaraciones, a un afán de diferenciarse de la tensión que caracterizó a la relación Brasil-FIFA. Bajo el entendido de que por las malas todo fue un problema, ahora la táctica es ir por las buenas.
Lo anterior incluye el trato con los manifestantes: si Joseph Blatter los minimizó, los criticó, los calificó como asunto político que nada competía al futbol o el torneo, Bach decidió salir a escucharlos. Mala idea, porque lo recibieron con pancartas de “asesino de la naturaleza”, aludiendo a esa polémica instalación de golf, levantada a mitad de la reserva natural de Tijuca.
Unos días antes, el mismo tema había propiciado una indiscutible división de opiniones entre Bach y el alcalde de Río, Eduardo Paes. Este último declaró a la cadena Globo que “Odio haber hecho ese campo (de golf), si por mí hubiera sido, nunca lo habríamos construido”. A esas palabras reaccionó Bach: “con lo del golf, estoy un poco sorprendido porque, como todos sabemos, el alcalde presionó mucho para que esto sucediera”.
Aquí vale la pena enfatizar que ya existían dos campos de golf en la ciudad carioca, los cuales no fueron considerados adecuados ni siquiera a costa de ser modernizados o adaptados. Río 2016 se enredó en ese plan y lo sigue lamentando.
Mal momento para que el golf regrese a unos Juegos Olímpicos tras más de cien años de ausencia. Esa es la principal de las crisis. COI y Comité Organizador hoy no pueden garantizar que esa instalación se termine, ya que los grupos ecologistas han interpuesto numerosos recursos para frenar los trabajos.
Bach decidió comportarse como una especie de anti-Blatter, inconsciente acaso de que eso no resolverá en automático los problemas más graves. De ellos, el campo de golf es el mayor.
Twitter/albertolati