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Desde tierras mundialistas. Alberto Lati

Itzel Ubiarco

4, octubre 2014 - 11:10

04 octubre 2014. Alberto Lati

CINCO años se han cumplido desde la asamblea de Copenhague donde Río de Janeiro resultó electo sede de los Olímpicos de 2016. Cinco años desde la gran sorpresa consumada con base en el discurso de Lula, de ese famoso mapa en el que mostraba cómo se había ignorado históricamente al sur del mundo a la hora de distribuir el fuego del olimpismo. Cinco años…, y hoy otro Brasil.
Por entonces, un gigante despertaba con voluntad de lograrlo todo. El lulismo llevaba en el poder siete años y parecía tener cuerda para quedarse muchos más. La economía crecía a ritmo promedio de 5 por ciento al año, con un pico de 7.5 por ciento durante 2010. La pacificación de las favelas se anunciaba como resumen de un cambio de era. La fe en el futuro crecía: Mundial y Olímpicos serán dos cerezas en el pastel de la prosperidad, entrada inmediata y merecida al máximo escalafón de las naciones.
Cinco años, y ahora la economía brasileña crecerá apenas por encima del uno por ciento, y el pueblo brasileño se ha polarizado en protestas, y la continuidad de Dilma Rousseff (la discípula y sucesora e Lula) en el gobierno será sometida a escrutinio en las elecciones del domingo, y los preparativos para el Mundial fueron un desastre, y lo que pase con los Olímpicos (más allá de la actitud relajada adoptada por el Comité Olímpico Internacional) esconde muchas incógnitas, y se asegura que la única razón del boom fue todo lo que China les compró e invirtió.
Nada se quiso decir esta semana, en la visita de inspección de las sedes, sobre el controvertido campo de golf. Tampoco sobre la contaminación en la bahía de Guanabara donde se disputarán deportes acuáticos. Sí sobre otros temas de progreso en las obras. Sí sobre la reiteración de Dilma Rousseff, de que los Olímpicos son su meta cumbre (y a la visita de inspección se subió, a cinco días de los comicios).
Son cinco años en los que, sobre todo, Brasil ha perdido la confianza del planeta. Lo que en 2009 se daba por hecho, hoy nadie se lo cree. No después del Mundial peor organizado en tiempos contemporáneos, no después de un festival de promesas incumplidas, no después del grosero despilfarro que de muy poco sirvió y a muy pocos benefició.
Este domingo, las elecciones. A cinco años de Copenhague, a menos de dos del último de los mega eventos deportivos que Brasil se empeñó en organizar, que Brasil nos convenció que podía hacer, que Brasil se topó con que su población no los quería tener.
Twitter/albertolati