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El Pollo de Tlalpán. Daniel Reyes

Itzel Ubiarco

2, septiembre 2014 - 10:39

02 septiembre 2014. Daniel Reyes

DOLOR DE OJOS

EL sábado pasado, luego del mediodía, me dirigí a una oficina recaudadora al sur de la capital, a cumplir con una obligación, como buen contribuyente que soy. Cuando salí de la dependencia, miré a lo lejos “unas micros” a las que por las ventanas les salían cabezas y brazos de humanos que se agitaban como si sufrieran algún tipo de diabólica posesión; conforme fueron avanzando hacia este su seguro servidor, me di cuenta que eran seguidores de los pumas, quienes se dirigían al Coloso de Santa Úrsula, que dicho sea de paso, está a la vuelta de donde nos topamos. Los tipos gritaban como enajenados retando a quienes les veíamos, con señas y miradas inyectadas de no sé qué. Lo peor del caso es que ¡eran escoltados por la policía! Patrullas y motos abanderaban a los gamberros, en vez de dirigirlos hacia la penitenciaría más cercana. La escena hizo que se me apachurrara el ánimo. Sin embargo, la vida me tenía preparada otra sorpresa en ese rato; con todo y mi vocho rojo, que gracias al cielo le tocó circular ese día, tenía que pasar por las inmediaciones del estadio de la emoción; entonces vi cómo por la calzada de Tlalpan llegaba otro contingente de “seguidores”, esta vez de las águilas; igualmente custodiados por la autoridad, tristemente rebajada a chaperona. Noté que mi frustración por tan denigrante escena se convirtió en un dolor de ojos; sentía que en cualquier momento iba a derramar lágrimas de sangre; tuve que detenerme en una tienda de conveniencia y mercar un litro de agua para enjuagarme los fanales. Con más pena que gloria pude sortear el día. Amaneciendo el domingo una esperanza se asomaba en el horizonte ¡Chivas contra la Máquina! Platillo con promesa de emociones vastas, se daría por la tarde.
Así se lo hice saber en el desayuno a la doña Lorenza, la señora que expende la pancita en el mercado; luego por la tarde informé igualmente a Pedro el de la barbacoa. Por demás está decir que el intento resultó fallido. Azules y rayados fueron el ejemplo de lo que no se debe hacer; los jugadores en la cancha escatimaron el esfuerzo, se guardaron la calidad, y egoístas, pusieron en entredicho a sus técnicos, directivas y seguidores en general. Entonces sentí que los globos oculares me explotarían ante tal atrocidad. Ayer amanecí con hielo a manera de antifaz; afortunadamente observar al “Chicharito” vestido de merengue en el rectángulo de la ilusión de la casa blanca, fue un bálsamo para los sentidos y una alegría para el corazón de balón. Una vez más el glorioso destino de Javier Hernández Balcázar le coloca en los cuernos de la luna; uno de los pocos jugadores que ha llegado a un equipo grande de Europa y ha sido transferido a uno gigante de allá mismo. Los astros se acomodaron y tan solo con el inconsistente Benzemá como rival directo en la posición, el “Chicharito” arribó al Madrid, con la novedad de que su inseparable “14” estaba libre; ¿así o más afortunado? ¡Ay! Ya se me está bajando la hinchazón.

Cierro con una obra titulada “Predestinado”.
Brillando como un sol, el “Chícharo” es un orgullo, llegó a Madrid con su gol, porque la neta es lo suyo. Y si no, quéjense a la FIFA. Twitter: @pollodetlalpan