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PARÍS 2024

2, julio 2023 - 6:00

┃ Héctor Alfonso Morales

Jorge Campos recuerda a la selección de la Copa América 1993. FOTO: Mexsport

Jorge Campos era una especie de superhéroe que volaba en los campos de futbol, ataviado con vestimenta multicolor. Fue un acróbata del área que se atrevía a jugar con los pies con descaro y soltura como un adelantado a su época.

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Hoy, es común que los guardametas sean hábiles jugando con el balón, pero en la década de los años 90’s era prácticamente impensable. Campos lo hacía un futbolista virtuoso, lo que le daba ventaja a sus equipos. Funcionaba prácticamente como un líbero, aunque él fue más allá: llegó a ser delantero.

En aquella época, los niños querían ser como Jorge y se vestían como él. El carismático portero hoy viaja en el tiempo junto con ESTO. Recuerda a la Copa América de 1993, cuando su leyenda comenzó a ser internacional. Sus atajadas, su colorido y hasta el acento acapulqueño lo proyectaron hacia la idolatría. No por nada hoy le apodan ‘El Inmortal’.

“El 93 para México, para nosotros, para todos, creo que fue un año muy especial, totalmente diferente. Creo que la Copa América (de Ecuador) nos abrió muchas puertas, se abrió el mundo para el futbol de México, porque era la primera vez que íbamos a una Copa América. Había muchas dudas, pero México fue una gran sorpresa para el mundo”, apunta en entrevista con ESTO.

JORGE CAMPOS RECUERA LA INFLUENCIA DE MENOTTI EN EL TRI

Campos vivió una época de transición del balompié nacional. En época anteriores a él, a los miembros de la Selección Mexicana se les apodaba como los “ratones verdes”. Pero llegó una nueva generación que rompió con ese estigma. El hoy comentarista de televisión da crédito a César Luis Menotti, técnico campeón del mundo en Argentina 1978 y quien tuvo un breve, pero contundente paso como estratega del Tricolor, aunque tampoco olvida a Miguel Mejía Barón. Este último, artífice desde el banquillo para que México fuera subcampeón en la Copa América de 1993.

“El míster Menotti, la verdad, llegó a revolucionar algunas cosas. Creo que lo que nos dio fue algo totalmente diferente, algo especial que él tenía. Nos fue abriendo los ojos para darnos más confianza. Él conocía el fútbol mundial y siempre comentaba que teníamos mucho potencial para salir adelante”, afirma Campos.

“Nos decía que no importaba que (los rivales) fueran más altos, más fuertes, que nosotros podíamos competirles a los grandes equipos. En lo particular, el míster me daba muchísima confianza. Siempre me decía que yo era diferente, que ese futbol que estábamos jugando, iba a ser el el futuro y nos daba muchísima confianza”, ahonda a manera de reconocimiento al liderazgo de Menotti.

MEJÍA BARÓN HIZO UN GRAN TRABAJO: JORGE CAMPOS

Vino Mejía Barón a mantener y potenciar lo construido, según Campos: “Con Miguel fue el inicio de un proceso y también una continuación. No se cortó nada. Miguel hablaba mucho del sistema que jugábamos en Pumas. Nos fuimos adaptando y fuimos revolucionando ese sistema. No fue que, como a veces pasa, llega un entrenador y quita todo. Mejía Barón lo hizo muy bien”.

Además, Mejía Barón potenció las virtudes del guardameta multicolor: “A Miguel siempre le gustó achicar, le gustó que el portero estuviera cerca de los defensas, hasta medio campo, Menotti lo hacía todo el tiempo y ya Miguel ajusta un poquito nada más. Pero yo creo que esa Copa América fue muy especial, y yo creo que fue donde todos empezamos a tener mucha más confianza”.

Jorge se anima cada vez más a hablar acerca de lo ocurrido en aquellos tiempos. En sus recuerdos encuentra tiempos felices, de epopeyas en tierras sudamericanas, cuando la Selección Mexicana había sufrido una suspensión que lo marginó de Italia 90 por el tema de los cachirules. Piensa que el torneo de Ecuador 1993 fue perfecto, pese a que México perdió la final ante Argentina por 2-1. Con un sonrisa pícara sonríe, tira una broma para despedazar la seriedad, que, casi siempre, le es ajena.

“Yo creo que todo, todo salió bien hasta la final.. hasta que el portero se equivoca todo el tiempo, que se dejó meter los dos goles”, señala entre risas. “Yo creo que llegar a la final fue muy, muy especial.

CARIÑO POR MÉXICO

Cuando la Selección subcampeona de América viajaba a México, sus integrantes pensaron que la fanaticada estaba decepcionada y triste. Creyeron que la derrota les pasaría factura ante la gente, pero sucedió exactamente lo contrario. Los vítores y las cartas con mensajes de ánimo, apoyo y cariño llegaron a manos de los jugadores cuando hicieron un recorrido en el entonces llamado Distrito Federal, según recuerda Jorge Campos.

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“Sí, hubo un boom, un boom muy grande. Cuando llegamos a México, yo bromeaba mucho, decía: ‘creo que perdimos, no ganamos’’. Yo veía ese cariño, nos llegaron muchas cartas que nos escribían, que nos mandaron ahí en el camión, porque nos hicieron hacer un recorrido, porque la gente estaba estaba esperándonos, y fue muy emocionante, nunca se me va a olvidar, todo lo que nos escribían, que no importaba si habíamos perdido, estaban con nosotros, nos apoyaban, se sentían orgullosos, eso yo creo que fue fue lo que más nos revolucionó. Yo creo que esas palabras, esas cartitas de la gente, de los niños, era muy emocionante, uno dice: ‘wow, imagínate, si hubiéramos ganado. Wow’. Yo ya sentía y te habíamos ganado”, describe.

LA GENTE NO SE ENOJÓ CON EL TRI

“Yo a veces estaba pensando, la gente va a estar enojada, tuvimos para ganar, estuvimos cerca estando todo en contra. Yo creo que fue lo que más nos marcó. La gente estaba ahí esperando en el aeropuerto, luego donde hicimos el recorrido, eso para mí fue impactante, y nunca, nunca, se me va a olvidar ese cariño, ese amor por el futbol, por el equipo, y sobre todo por México. Fue increíble, fue emocionante, casi lloraba y yo decía ‘Wow, qué buena onda’”, mientras los ojos se le humedecen ante ese superhéroe que voló junto con una generación que puso en alto el nombre del balompié nacional en todo el continente americano.