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22, noviembre 2022 - 17:16

┃ José Ángel Rueda

El portero mexicano engrandeció su figura en Copas del Mundo y salvó a la Selección Mexicana de la derrota ante Polonia. | Foto: MEXSPORT

En su tango “El sueño del Pibe”, el cantor Enrique Campos inmortalizó la historia de un niño que sueña con un gol de último minuto en su primer partido en Primera División. “El estadio lleno, glorioso domingo / Por fin en primera lo iban a ver / Faltando un minuto iban cero a cero / Tomó la pelota sereno en su acción / Gambeteando a todos enfrentó al arquero / Y con fuerte tiro quebró el marcador”, reza la letra. Qué pasa, sin embargo, si ese sueño es del arquero, esa figura destinada a ir contra la naturaleza del futbol, apagar los goles cuando la esencia del juego pide todo lo contrario.

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A sus 37 años, Francisco Guillermo Ochoa dio vida al sueño que seguramente tuvo desde niño, porque es lo que los niños que son porteros imaginan, atajar un penal en una Copa del Mundo, cuando todo está en contra y lo único que queda es dar paso a lo inesperado . El segundo tiempo entrado, el marcador cero a cero y con Lewandowski preparado para ejecutar la pena máxima, cuya denominación refleja que en el futbol no hay mayor pena que un penalti en contra.

El arquero resopló y amagó con un lance a la derecha para luego y por la pelota a la izquierda. El tiro del mejor jugador del 2021, según el premio The Best, de la FIFA, iba colocado, pero no lo suficiente, y Ochoa justo para rechazar el balón. El arquero suele ofrecer atajadas milagrosas, pero los penales le cuestan. “La vida es caprichosa”, dijo después del partido, a modo de explicación.

El guardameta mexicano ha construido su leyenda a través de momentos como éste. Sus grandes atajadas en las tres Copas del Mundo en las que ha participado como titular le han conferido el máximo honor que un guardameta puede recibir por parte de un aficionado; es decir, la confianza, la sensación de que, aunque todo esté en contra, el hombre que cuida del marco aparecerá.

Los segundos previos al penalti de Lewandowski son capaces de describir la carrera de Ochoa con la selección. Se suele decir que cuando una persona ve de cerca la muerte, la secuencia de su vida pasa por la mente, a modo de resumen. Mientras el delantero polaco se perfilaba, fue imposible no recordar las grandes atajadas de Memo en los últimos dos Mundiales.

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En Brasil 2014, cuando finalmente el canterano americanista se hizo de la titularidad tras dos Mundiales en la banca, el primero por detrás de Oswaldo y el segundo del “Conejo”, el guardameta protagonizó la atajada del campeonato. Al más puro estilo de Gordon Banks contra Pelé, en México 1970, Ochoa recorrió la portería del Castelao y se estiró al límite para sacar sobre la línea un cabezazo de Neymar.

El graderío local lanzó un grito mudo, en la metáfora perfecta del trabajo del arquero, convertir el festejo en lamento. Cuatro años después, en Rusia 2018, el portero volvió a ser fundamental con sus atajadas, sobre todo en el partido ante Alemania, cuando México dio la sorpresa del campeonato.

La figura de Guillermo Ochoa irrumpió con fuerza en el 2004. Sus rizos perfectamente formados acompañaban sus atajadas milagrosas, en el combo mediático perfecto. Apenas a los 18 años, el carismático guardameta se hizo titular del América, el equipo más exigido de México. Ahí triunfó, fue campeón, para unos años después emigrar al futbol europeo.

Como estandarte de lucha, lejos de los conjuntos de élite, Ochoa se convirtió en un arquero salvavidas, esos cuyos milagros radican en rescatar algunos triunfos, pero sobre todo mantener en la batalla a sus equipos. Eso no evitó que el reconocimiento llegara, sobre todo en el Ajaccio, su primer equipo en el Viejo Continente. Sus trofeos se miden en su escala predilecta, es decir, con las grandes atajadas a los grandes jugadores.

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Luego viajó a Málaga, a Granada y al Standard Lieja, con menor y mayor éxito, incluso pudo ir a equipos con mayor trascendencia, como el París Saint-Germain, pero no se concretó su pase.

Cuestionado eternamente por sus deficiencias en el juego aéreo o por las cantidad de goles que no ha podido evitar a lo largo de su trayectoria, el guardameta se refugia en el Mundial para alimentar su leyenda. Ese torneo donde todo lo que haga será digno de un sueño.

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