30, abril 2022 - 6:00

┃ Marysol Fragoso

Nuevo proyecto - 2022-04-29T171825.783

POR MARYSOL FRAGOSO FOTOS LUIS GARDUÑO  En la Asociación de Charros José Becerril, del lienzo charro El Hormiguero, en Azcapotzalco se alberga desde hace tiempo la única escuela para formar a las integrantes de una escaramuza infantil en la Ciudad de México. Además cuentan con una escuela para niños que aprenden a realizar todas las suertes de la charrería. NO TE LO PIERDAS: Diego Silveti quiere revivir su última noche mágica en León De momento, son seis las alumnas que están siendo guiadas por el instructor José Contreras Trejo. Ellas tienen edades que fluctúan entre los cuatro y los once años. Para su reina, Danna Tello de Meneses, de diez años de edad, quien es la represente de la tercera generación de su familia, dedicada al deporte nacional, la afición le llegó al ver a su sus familiares competir en las charreadas: “Mi abuelo Enrique Tello, que en paz descanse, mis papás y mis tíos practicaron la charrería y mis tías fueron reinas”, dijo, mientras montaba a su caballo, raza cuarto de milla, llamado Popeye.   [gallery ids="592857"] “Empecé a montar desde los tres años, con mi papá y ahora me encanta montar; no lo cambio por nada, pues prefiero estar practicando suertes en el caballo que ir a reuniones y fiestas”, agregó. Tras haber concluido su sesión de entrenamiento consideró: “La suerte más difícil para mí, es La Flor. Aquí en la charrería y en especial en la escaramuza, el amor que se le tiene a los caballos es incondicional y el que el caballo nos da es igual. Popeye y yo somos uno: lo amo”. Como reina de la escaramuza infantil tiene una meta: “Espero que podamos ganar en el estatal, luego en el nacional y ser las campeonas”. Bárbara Chávez Lecumberri, de 11 años, cuyos antecedentes en este deporte se remontan a su abuelo y a su padre, cuenta: “Empecé a montar a los siete años y quiero decir que muy lindo practicar en la escaramuza, junto con mi yegua Eva, pues tengo una fuerte conexión con ella. Para mí, La Punta es la suerte más difícil pero también la que más me encanta hacer. ¡Quiero decirle a otras niñas que si experimentan con este deporte les va a encantar!”. Forman parte del equipo las chiquillas llamadas Carolina Romero Galindo, Sofía Chávez Rodríguez, María José Espinosa Galván y Jimena Carreño Galindo. En ese mismo lienzo, está asentada la escuela de charrería para niños que lleva por nombre Doctor José Luis Lecona Baez. Cuenta con trece integrantes, de seis a quince años, bajo la batuta del instructor José Barrera. En esta sesión con el Diario de los Deportistas se contó con la presencia de los niños Bernardo Lara, Sebastián Tello, Franco Lecona, Luis Lecona y David Romero. [gallery ids="592861"] Respecto al aprendizaje que están recibiendo para realizar las Sebastián afirmó lo siguiente: “Me gusta estar aquí para aprender a montar toros y jinetear. En mi casa, los adultos como mi papá también son charros y mi hermana es la reina de la escaramuza; para mí ser charro es lo mejor que existe”. Por su parte, David externó: “Ser charro es un honor. Honro a mi familia porque del lado materno todos son charros: mi abuelo Mariano Romero y Velázquez (QEPD), mejor conocido como “Chano” Romero, fue socio fundador y presidente de esta asociación. Mi mamá formó por muchos años parte de la escaramuza. Al ver ese historial, junto con mis tíos, dije: ‘quiero ser parte de aquí”. Además comentó: “Si hay niños a los que les gusta este deporte, por favor que les digan a sus papás que los integren a alguna escuela charra, es cuestión de práctica para poder lograrlo”. [gallery ids="592863"] Para Luis lo que más le gusta de acudir los sábados a entrenar es: “Hacer trabajo en equipo para ganar. Me gusta hacer los piales y lo que más me cuesta hacer son las colas. Es un deporte familiar que nos gusta a todos, los invito a conocerlo”. Para Bernardo: “Me encantan los caballos y me gusta mucho aprender a mover la soga. Los caballos son buenos, no son difíciles de montar, pero hacer lo de la soga si es medio difícil. Quiero ser un gran charro como mi papá Rodrigo Lara”. Dejamos a niñas y niños emplazados con toda la alegría para la siguiente sesión de práctica.

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