4, febrero 2022 - 9:30

┃ José Ángel Rueda

Inauguración Beijing

JOSÉ ÁNGEL RUEDA  Seis meses después del final de los Juegos Olímpicos de Tokio la llama olímpica volvió a brillar. Es el mensaje de resiliencia que manda el deporte, que todo siga a pesar de la pandemia. El espectacular Nido de Pájaro, así como lo hiciera en Beijing 2008, en la edición de verano, dio paso a una espectacular ceremonia de inauguración para poner en marcha la edición 24 de los Juegos Olímpicos de Invierno. El hielo y el fuego convergen en el milagro del olimpismo.

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El año nuevo chino, Año del Tigre, marcó el arranque de la justa. La representación de las estaciones del año fue la guía del espíritu olímpico. Fue entonces que en la explanada del estadio, en el blanco inmaculado de la nieve, comenzó a crecer la hierba, en el mensaje de esperanza que el olimpismo buscó mandar ante los ojos del mundo. La ceremonia, a cargo del reconocido cineasta chino Zhang Yimou, estuvo plagada de simbolismos a la cultura china, a la pólvora, a la tinta, a la porcelana, en una Pekín que hizo historia al convertirse en la primera ciudad en albergar las dos ediciones de la justa. La brevedad fue un detalle. De pronto, el rojo de la bandera china y esas estrellas que asemejan un firmamento, resaltó en la blancura del escenario, y a los pies del mástil, un pasillo humano, conformado por 56 personas, es decir, 112 manos dispuestas a darle impulso. Por ahí pasó el lábaro chino, lentamente, a la espera del izamiento, con el sonido de fondo de una trompeta que evocaba sobrios tonos de “Mi patria y yo”. Una vez que la bandera hondeó en todo lo alto sonó el himno de China, ante unas gradas que por la pandemia estuvieron limitadas en su capacidad. Solo unos cuantos estuvieron presentes, entre ellos los políticos que no hicieron caso del boicot político que marcó los meses previos a los Juegos. En las gradas estuvieron presentes los presidentes de Rusia, Vladimir Putin; Argentina, Alberto Fernández; Ecuador, Guillermo Lasso; y Egipto, Abadelfatah al Sisi.

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Uno de los momentos más esperados de la ceremonia fue el revelado de los Aros Olímpicos. La inventiva de Zhang Yimou apeló al milagro del hielo, y un enorme cubo que de pronto apareció en la inmensidad del estadio y que en su brillo se representaban las 23 ediciones previas. Entonces comenzó a derretirse y de su interior surgía el máximo ícono del olimpismo. Con los Aros Olímpicos vino el desfile de los cerca de 3,000 atletas, primero Grecia, como lo marca la historia, después salieron los demás países, ordenados bajo el misterio que evoca el alfabeto chino y con la melodía de las piezas más representativas de la música clásica de fondo. A diferencia de los Juegos Olímpicos de Verano, las delegaciones son menos numerosas, marcadas por el esfuerzo de atletas que emigran y de pronto encuentran oportunidades en tierras lejanas, marcadas por el frío. Ahí salió México, con la esquiador Sarah Schleper y el patinador Donovan Carrillo portando la bandera, y Rodolfo Dickson y Jonathan Soto como escuderos. Al término del desfile, del cielo comenzaron a caer copos de nieve, con el nombre de cada país que tendrá presencia en la justa, y a merced del viento se formó otro copo aún más grande, en representación de la unión de las naciones, acaso el deseo más grande del olimpismo. En el estadio, el sol y la luna convergieron en un mismo instante, en la totalidad del universo que a partir de hoy albergará la fiesta del deporte.

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La ceremonia dio paso a un espectacular retrato de la vida cotidiana bajo el lema “Juntos hacia un futuro compartido”, la explanada proyectó en su plasma fotografías de niños y adultos, en el equilibrio perfecto del mundo. Luego sonó Imagine, de John Lennon, y entre las montañas cubiertas de nieve surgió la frase que representa al olimpismo actual: “Más rápido, más alto, más fuerte”. Ahí apareció la bandera olímpica, en manos de los glorias del deporte invernal chino, al tiempo de que el presidente chino, Xi Jinping, dio por inaugurada la justa. El encendido del fuego olímpico, manos de los atletas chinos Dinigeer Yilamujiang y Zhao Jiawen, fue espectacular. En una mezcla de los elementos. El copo de nieve gigante, conformado por el espíritu de cada nación, fungió de pebetero, y con la llama brillando en su centro se elevó en todo lo alto del Nido de Pájaro, en el anuncio inequívoco de que la gran fiesta del deporte ya comenzó. ?Escucha nuestro podcast?