3, febrero 2021 - 13:58

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Torre Eiffel

Foto: AFP

El baile de turistas ha dado paso al de los pintores, y el sonido del rascador ha sustituido a los flashs de los teléfonos: a sus 132 años, la Torre Eiffel se prepara para recibir a los Juegos Olímpicos de 2024 vestida de oro, en la campaña de renovación más importante de su historia.

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Tras 19 capas de pintura sucesivas, el monumento más visitado del mundo antes del Covid-19, se deshará de su característico color “marrón Torre Eiffel“, una mezcla de tres tonalidades diferentes, que la cubre desde 1968

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Este edificio de 324 metros presentado en la exposición universal de 1889 – convertido en un símbolo parisino a la altura de la catedral de Notre-Dame o la basílica del Sacré Coeur en Montmarte – era originalmente rojo, y ahora se busca recuperar el color ocre soñado por su creador, Gustave Eiffel.

“Le dará un aspecto más dorado, coincidiendo con los JO“, señaló Patrick Branco Ruivo, director general de la Sociedad de Explotación de la Torre Eiffel (SETE). “El nuevo tono se puede ver ya en la punta de la Torre. No es un gran cambio, pero con un bonito cielo azul de fondo, crea unos reflejos metálicos y brillantes”, añadió Branco.

Los trabajos, que comenzaron en 2019 y durarán hasta noviembre de 2022, tienen un coste de 50 millones de euros (60 millones de dólares) y son considerables: hay que decapar y pintar 18 mil piezas unidas por 2,5 millones de roblones. Además, la presencia de plomo en la pintura de las anteriores renovaciones obliga a reforzar el protocolo sanitario de la obra.

El trabajo de quitar las capas de pintura sucesivas se concentra de momento en el arco sur de la estructura, la parte que da al Campo de Marte, la más degradada por el sol y la lluvia.  El propio Gustave Eiffel había previsto esta usura y recomendó que se repintara la torre cada siete años. Un ritmo que ha sido respetado desde entonces.

Eiffel había escogido un color ocre para su obra “para combinarla con la vista de conjunto de París, una ciudad construida en su mayoría en piedra caliza”, explica Pierre-Antoine Gatier, arquitecto responsable de los monumentos históricos franceses.

A cientos de metros del suelo, equipados con arneses, herramientas y un bote de pintura, los pintores saltan de una pieza a otra. “La mayor parte del tiempo nos movemos como si fuera un circuito de arborismo”, explica Antoine Olhagaray, pintor de 22 años especializado en trabajo en altura.

“No todos los días se tiene la oportunidad de trabajar a 300 metros de altura”, añade su colega Charles-Henry Piret. “Y con esta vista”.

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