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28, mayo 2018 - 22:26

┃ Luis García Olivo

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El enorme plato extendido del Rose Bowl elevó su temperatura y no solamente por el intenso calor en la ciudad californiana, sino porque varios jugadores se jugaban su pasaje a la justa mundialista.

Gales y Escocia son los últimos dos exámenes para mostrarse y convencer en todos los aspectos a Juan Carlos Osorio, por lo que el banquillo técnico ardió con las decisiones. El “recreacionista” apuntó, tachó y palomeó con tinta azul y roja cada una de sus observaciones de los jugadores que están en la tablita.

El calor se transportó a las gradas y sus alrededores, México quería la mejor de las despedidas con los paisanos californianos, quienes los colmaron de buenas vibras y nuevamente no fallaron pese a la última desilusión durante la Copa Oro de 2017 en donde el Tricolor fue eliminado a manos de Jamaica.

Los paisanos le dieron calor y color a su patria, llenaron gran parte del viejo estadio de la Rosa con el “perico incluido”, cargaron con matracas, banderas, disfraces, pelucas, cornetas y máscaras en busca de hacer una fiesta mexicana.

México nuevamente se sintió como en casa, arropados durante noventa minutos por más 82, 345 mil gargantas, quienes apoyaban y reclamaban, ya que a los lejos se escuchaban los consejos hacia Osorio en busca de no equivocarse para llevar a sus 23 mundialistas.

La zona técnica estaba calientita. Osorio lo sabía y Gales enfriaba con un buen planteamiento pese a no asistir a la Copa del Mundo. Cambios y modificaciones durante los 90 minutos le dieron ruta a este nuevo ensayo nacional en donde lo primordial fue contar y descontar a los que están en duda.

Osorio y el Tricolor no pudieron salir con la victoria, lo pero aún no pudieron anotar, pero sí con varias conclusiones para deshojar la margarita y situar a los 23 mundialistas ante un Rose Bowl que los despidió con abucheos.

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