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Mira

1, octubre 2014 - 21:19

┃ Fernando Schwartz

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POR FERNANDO SCHWARTZ

Mañana, dos de octubre los ojos se cierran y traen a la mente aquellas mágicas imágenes cuando el futbol mexicano dio un salto cualitativo al ganar su Primer Mundial, el Juvenil 2017 en Perú 2005. Aquel día en donde México se paralizó.

Donde yo, que narré el juego en Galavisión en los Estados Unidos exclamé al final: “Gracias Dios que me permitiste ver en vida a México campeón del mundo”: “Sí, una frase salida del alma por algo totalmente inesperado y que era increíble cuando en rondas anteriores frente a Costa Rica a dos minutos de quedar fuera Efraín Juárez salvó y la recompensa fue el título mundial”.

Ganarle a Brasil siempre trae un sabor especial y más cuando ya se le había ganado en la final de la Confederaciones 99. Clave que Anderson salió lesionado en el arranque y de ahí todo fue hilar y coser por México con magna actuación de cada uno de los que tomaron lugar en la final. Cuando hablamos de la Sub-17 varias cosas permanecen en la mente. Jesús Ramírez en su zona técnica y su paletita para apaciguar los nervios. Su técnica de visualización que influyó en los jugadores que se vieron campeones y así resultaron.

Viene a la mente la elegante zurda de Carlos Vela en su poder de definición. El desequilibrio de Giovani dos Santos. El andar y venir de César Villaluz. La entrega a muerte de un todo terreno como Efraín Juárez. La atinada dirección en el medio del campo de Édgar Andrade, el liderazgo personificado por ‘Pato’ Araujo y así podría nombrar a cada uno de ellos hasta Éver Guzmán el talismán que venía de la banca para anotar goles.

Cada uno como Esparza que selló con un golazo la final pusieron el máximo esfuerzo en la cancha para permitir que México llevara esta gloria. Un título mundial que cada dos de octubre se convirtió en tradición estar recordando, pero que esta vez lo quise hacer de forma diferente al cumplirse este noveno aniversario de una semilla que germinó y que cambió la perspectiva del balompié mexicano. Perú 2005 fue un parteaguas en un futbol juvenil que comenzó a respetar y ver con otros ojos al mexicano.